28/8/09

Parque Nacional de los Volcanes

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El P. N. de los Volcanes es parte a su vez del Virunga Nacional Park; esta último es una cadena montañosa que se extiende a lo largo del Norte de Ruanda, República Democrática del Congo y Uganda. Esta Cordillera es un ramal de la falla Albertina que a su vez forma parte del Gran Valle del Rift y es prolongación natural de los montes Ruwenzori o montañas de la luna.
Esta cadena de los montes Virunga está formada por 10 volcanes: 4 en la República democrática del Congo; Nyira gongo (3470 m), Nyamlagira (3058 m), el peque Rumoku (1912 m) y Mikeno (4437 m). Este último en la mismísima frontera con Ruanda pero dentro de la R.P.C. hace triangulo con Visote (3711m) ya en Ruanda pero con parte en la R.D.C. y con Karisimbi (4507 m) el más grande por cuya cima pasa la línea divisoria entre Ruanda y R.D.C.
Este triangulo es la zona de mayor concentración de gorilas de montaña (gorila beringei beringei) del mundo, en gran peligro de extinción y con una concentración mundial de entre 600 y 700 ejemplares.






















El 7º y 8º volcan del Virunga Nacional Park son el Muside (3000 m) y el Sabinyo con parte en RDC y Ruanda.
El 9º y 10º volcán comparten territorio entre Uganda y Ruanda y son el Mghinga (3474 m) y el Muhavura (4127 m).
De estos 10 volcanes de la cadena montañosa que forma el Virunga Nacional Park entre estos tres países (Uganda, Ruanda R.D.C.) solo 5 forman el Parque Nacional de los Volcanes, estos son el Karisimbi, Visote, Sabinyo, Gahinga y Muhavura.
Todo este lió de volcanes se clarifica bastante en el completísimo mapa adjunto entre las otras fotos, aquí en tamaño real :













Mapa desarrollado en la Webside oficial del Virunga Nacional Park de la República Democrática del Congo.
Entre el volcán Karisimbi y Visote se encuentra la fundación Karisoke fundada en 1972 por la famosa naturalista Diane Fossey; esta dedicó su vida en el más amplio sentido de la palabra al estudio de los gorilas en las montañas Virunga. Este centro se fundó para el estudio de estos primates y su protección de la caza furtiva. Murió en 1985 asesinada brutalmente en Ruanda a manos de estos furtivos asesinos.















Su libro gorilas en la niebla fue llevado a la pantalla con notable éxito y aumentó el interés mundial por los gorilas en general y por los de montaña (beringei beringei) en particular.
Mucho del turismo que llega a Uganda y Ruanda (menos a R.D.C. por el conflicto del Coltán) se debe a ella y al poder de Hollywood en traspasar las fronteras cuando se trata de la vida de un ciudadano de su país. Este turismo reporta grandes beneficios económicos y gracias a ello los gorilas son los grandes beneficiados, ya que los gobiernos que tienen el privilegio de tenerlos en sus hábitats los protegen como a un tesoro.

20/8/09

Los Gorilas - Susa group

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Nos levantamos bastante temprano para desayunar ya que queríamos estar pronto en las oficinas donde se asignan los grupos de gorilas. Según Richard los primeros en llegar tienen más posibilidades de escoger grupo.
Nosotros estábamos interesados en ver al legendario grupo Susa, en teoría el más familiarizado con las personas; aquel al que puedes acercarte a cuatro metros aunque saltándose los obligatorios siete metros de distancia.
El grupo Susa es uno de los muchos que estudio la famosa naturalista Diane Fossey pero quizá con el que más en contacto estuvo. Este grupo con una larga costumbre con el trato con humanos, es el preferido por los turistas por la posibilidad de un contacto mucho más cercano y directo. Aunque esto no siempre es así, a veces cualquier grupo de gorilas puede deparar más sorpresas por el momento y estado de ánimo en que se encuentran, y en cambio el grupo Susa puede estar adormilado. Aun así la visita no defrauda nunca sea el grupo que sea.


















Sabíamos que era difícil, en realidad teníamos muy pocas esperanzas puesto que son muchos grupos de gorilas a visitar y casi 100 personas por día, por lo que las posibilidades eran muy bajas.
Luego vimos que nuestras posibilidades aumentaban al ver que no todos los turistas iban demasiado informados; Marga se cruzó con una turista Estadounidense que le preguntó como eran los gorilas y si se llegaba en coche hasta ellos o salían a tu paso mientras andabas. Con este tipo de preguntas descubrimos que mucha gente que los visitaba no sabía exactamente en que consistía el trekking.


















Después de 30 minutos de espera, donde los guías habían estado hablando tranquilamente en círculo, uno de ellos se apartó y rápidamente acudieron a hablar con él los respectivos guías de los turistas.
El sistema consiste en que el guía va asignando grupos de gorilas a visitar según le parece o según le reclaman o demandan los guías de los turistas. En ese momento la experiencia del guía turístico es fundamental. Aquello parecía un mercado de subastas árabe. Se oían voces, todos hablaban a la vez y parecía imposible que de allí saliera algo en claro.
Nosotros llevábamos todas nuestras armas al “parlamento”; Richard, nuestro guía especialista en vericuetos imposibles de Uganda, y Joseph nuestro chofer, se presentaron como representantes de diferentes turistas, así teníamos más posibilidades de que nos adjudicaran el grupo Susa.

















Se supone que para ver el grupo Susa se debía tener buena condición física, porque había que andar más y a mayor altitud que para ver a los otro s grupos de gorilas. Richard decidió argumentar que nosotros habíamos subido el año pasado al Kilimanjaro; en realidad subimos mi hijo mayor y yo pero Richard incluía a Marga en el bote. De hecho Marga no hubiera tenido demasiados problemas para subirlo ya que está en buena forma.
Después de unos minutos Richard y Joseph salieron sonrientes en nuestra dirección, no nos queríamos hacer ilusiones pero sus sonrisas les delataban; les habíamos dado la tabarra durante todo el viaje con el grupo Susa y Richard además tenía varios antecedentes de ascensiones asignadas a su grupo de turistas para ver este grupo.
Cuando llegaron hasta nosotros nos confirmaron la buena noticia. La alegría contenida hasta el momento se desbordo en un abrazo general pero con algunas dudas; en el fondo no nos lo terminábamos de creer, entre tanta gente y nos había tocado a nosotros.






















Luego cada guía-trakker se presentaba a su grupo de 8 turistas. El nuestro estaba compuesto de cuatro estadounidenses, dos ingleses y nosotros.
El trakker-guía nos enseño a los 8 una plantilla con las fotografías de los gorilas del grupo 38 ejemplares se supone, entre ellos se encontraba Poppy, una hembra gorila, único ejemplar que queda de los que mantuvieron contacto con Diane Fossey. En la plantilla se leía “Susa Group”; era de verdad nuestro grupo de gorilas. Fisgonee los otros grupos y en su plantilla figuraban otros nombres, por un momento pensé que a todos les decían lo mismo, pero no, solo en nuestra plantilla se leía grupo Susa.













En cuanto a nuestro grupo de turistas era principalmente anglosajón, una pareja estadounidense de unos 50 años, ella trabajaba en un zoológico de no sé que Estado de USA, el marido era un poco distante; la otra pareja de estadounidenses estaba compuesta por un abuelo con su nieta de 19 años; y por último una pareja inglesa de unos veintitantos años.
Nos montamos en los todoterrenos y uno de los dos trakker-guías que nos acompañarían a ver los gorilas se montó con nosotros. Detrás de nosotros nos seguían los otros tres coches. Nuestro destino era la parte meridional del volcán Karisimbi (4507 m), cuya cima es la más alta del Parque Nacional de los Volcanes. En alguna parte de esta montaña nos esperaba el grupo Susa.
Cuando salimos en busca del lugar exacto donde se originaba el trekking pensamos que llegaríamos en unos 10 minutos, pero primero atravesamos asfalto, luego caminos cada vez más empinados y rodeados de frondosa vegetación. Mujeres con varias cestas de mimbre gigantes en la cabeza circulaban por los márgenes de los caminos en lo que seguramente sería una agotadora jornada para ellas.






















Después de 30 minutos llegamos a un lugar con algunas casas donde empezaríamos nuestro trekking. Nos ofrecieron palos, a modo de bastones, Marga cogió uno. Llevamos cada uno nuestra mochila con el pack lunch y algo de agua; pensamos que los 8 turistas, dos trakker-guías más otros dos miembros del ejercito armado de Ruanda, éramos suficientes personas para subir allí arriba y que todo lo que fuera minimizar el impacto humano por estas montañas no sería un esfuerzo en vano, así que no llevamos porteadores. De los 8 turistas que éramos solo tres llevaron porteadores, al final subimos quince personas.
Por curiosidad me había llevado el altímetro en este viaje; 2370 metros de altura era el origen de nuestro trekking.






















Empezamos a andar detrás de nuestros guías a un ritmo medio, la primera parte recorría un sendero al lado de un pequeño riachuelo. Del bosque bajo típico de esta altura apenas queda nada debido a las sucesivas terrazas con cultivos que han ido ganado terreno. Vimos pastores de ovejas, casas de adobe y niños que nos saludaban.
Cuando llevábamos dos kilómetros y el bosque de Neubotonia se hacía presente, el guía paró 5 minutos y dio algunas explicaciones sobre la montaña. Pronto pudimos comprobar que los guías paraban cada 25 o 30 minutos de marcha para dar alguna explicación detallada del entorno o los gorilas. En realidad esta excursión en busca de los gorilas es bastante asequible; cuando hacen hincapié en la buena preparación física para subir a esta montaña, no se refieren a estar como una mula sino tener un mínimo de condición física. Supongo que esta pauta de condicionar el trekking al grupo Susa a una buenísima preparación física se debe al desfase entre lo que es esto para unos y otros.


















Allí en la oficina donde se asignaban los grupos había gente de todos los biotipos condiciones y edades, para algunos un trekking de 4 a 8 horas podría ser excesivo y necesitarían un grupo de gorilas más accesible.
Pero como ya he dicho antes, no hace falta ser un toro para ver al grupo Susa, en realidad es como subir un Peñalara (2428m) o Peñalara y medio, según se de el día. Además se tiene bastante tiempo para el trekking y se hacen bastantes descansos. Cualquier persona acostumbrada a andar un mínimo por el monte o con la suficiente condición física como para pasar un día activo en el campo no tendrá problemas para el trekking.






















Es verdad también que se parte de 2370 metros de altura y que se puede llegar a alrededor de los 4000-4200m si no se encuentra a los gorilas pronto, pero sigue siendo una jornada asequible por el ritmo y pausa impuestos por los trakker-guías. Lo normal es verlos entre los 3000 y 3500 metros, siendo excepcional verlos a 4000 m, según me contaron los propios guías.
El mal de altura es otro factor a tener en cuenta, pero hasta 3500 metros o incluso 4000 no suele notarse demasiado, en una jornada donde se está solo una hora en la máxima altura para ver los gorilas y a la posteriormente sigue una bajada relativamente rápida, por lo que el tiempo de exposición a la hipoxia es muy bajo.













El guía paró por segunda vez en una zona donde la vegetación empezaba a ser muy espesa; esta parte de la montaña empezaba después de pasar un murete hecho de rocas que marcaba la frontera entre los últimos cultivos de aquellas alturas y donde comenzaba la gran espesura de la selva Virunga.
Más explicaciones del guía, bromas, bebidas, barras energéticas y tiempo para aguas menores; los hombres en solitario, en cualquier lado y posición y en el entorno cercano; las mujeres en masa, todas detrás de las mismas rocas y a 150 metros del grupo. Parece ser que esto es igual en todos los idiomas.


A partir de aquí el sendero se hacía angosto y solo permitía la fila india.
El abuelo americano me comentó que estaba habituado subir montañas en su país, pero su nieta parecía tener alguna dificultad; por lo visto el día anterior había estado con gastroenteritis y se encontraba bastante débil. Paramos un momento para que bebiera y continuamos la marcha.
Las ortigas cada vez eran más abundantes y llegaban a las rodillas, de momento la manga corta seguía valiendo.
Por momentos pasamos por senderos oscurísimos, apenas sin luz de la densidad de la vegetación tanto a nuestros lados como por encima de nuestras cabezas.













El guía paró un momento en un claro del camino donde se podía ver un barranco a nuestra derecha, al otro lado se veían grandes árboles de unos 20 metros de altura de la especie Hagenea vestidos de líquenes colgantes y musgo. El guía señalaba unos monos que saltaban de rama en rama, tuvimos que hacer un esfuerzo para verlos pues estaban muy lejos, después de ajustar los prismáticos y cámaras conseguimos ver a uno cambiando de árbol.
Seguimos montaña arriba, a veces con pendiente más dura otras menos. Esta parte del bosque del volcán Karisimbi es preciosa; atravesamos tramos de más de 100 metros de longitud de cañas de bambú de considerable grosor y pendientes elevadas, en algún momento se hacía la noche por la gran concentración de bambú que crecía en los senderos.
Las ortigas no son como las de España, sus hojas son más grandes y hasta hace poco llegaban por las axilas pero ya casi rozan la cara y he tenido algún contacto fugaz pero desagradable en los antebrazos, así que pasamos a manga larga.























En un momento dado situado a 3670 metros de altura llegamos a un punto donde nos esperan cuatro ranger, estos estaban previamente en la montaña localizando a los gorilas a través de sus heces y ramas rotas. Siempre pensé que era imposible seguir el rastro de los gorilas en un volcán de las dimensiones del Karisimbi, pero unas de las cosas que leí de los gorilas es que solo se mueven al día entre medio y un kilómetro para buscar comida, por lo que los ranger solo tienen que buscar en un radio relativamente cercano al del trekking del día anterior.
El GPS del Tracker-guía señalaba 4010 metros, frente a los 3670 míos. Él me pregunto si mi reloj-altímetro funcionaba bien y yo le dije que el margen de error en estas alturas era de unos 30 metros. De hecho en la cima del Kilimanjaro midió 5920 m, por los 5896 reales. Además me fiaba más de mi altímetro que de la tecnología GPS que no deja de ser un banco de datos que no mide la presión atmosférica a modo de barómetro como un altímetro, sino que el satélite calcula donde estas y asigna a tu posición una altura de acuerdo a su base de datos, por lo que el margen de error es mayor.


















Bueno, el caso es que en este punto donde nos detuvimos estaba situado a 200 metros de donde estaban los gorilas. Aquí nos dieron las últimas instrucciones:
No usar el flash de la cámara, no acercarse más de la cuenta, dejar las mochilas aquí con la comida y bebida, no tocar a los gorilas. Si algún gorila se pone agresivo, algo bastante improbable, uno debe bajar la vista y arrodillarse lentamente mirando al suelo, cogiendo hojas y ramas en prueba de sumisión a igual que hacen los gorilas perdedores en sus luchas por la dominancia.
Dejamos las mochilas en ese punto al cuidado de los porteadores y nos dirigimos por fin al tan deseado encuentro con los gorilas acompañados ahora por los guías y ranger.
La flora ya había cambiado hacía bastantes metros, el bambú había dejado paso a las impresionantes lobelias silvestres con sus rojas flores, el suelo estaba tapizado de menta, ortigas y apio silvestre, la dieta de los gorilas de montaña junto al bambú y las lianas pegajosas (Galium), llegando a comer entre 15 a 20 Kg. al día.





















LOS HOMBRES QUE SUSURRABAN A LOS GORILAS

Doblamos una vez más un sendero y nuestro guía se paró. Nuestra primera visión de los gorilas fue un enorme silverback (espalda plateada) tumbado de costado y mirando para otro lado. Sabíamos que eran grandes pero aquella mole impresionaba, sus grandes pies, sus inmensas manos, su cabeza como tres nuestras. Estos ejemplares llegan a pesar cerca de 200 Kg.
Como el silverback parecía no hacernos mucho caso, seguimos el camino para ver los siguientes gorilas. Allí entre el bosque bajo de lobelias de un metro de altura no se veía nada, pero fuimos descubriendo que los gorilas del grupo Susa estaban sentados o tumbados a pocos metros unos de otros.

El siguiente grupo de gorilas que vimos lo componían una veterana hembra, su cría, un gorila adulto y otro silverback a dos metros de estos. Estuvimos todo el grupo de turistas haciendo fotos y observando con curiosidad. Aquellas inmensas moles nos miraban fijamente a los ojos, no como cualquier otro mamífero, aquella mirada era una mirada increíblemente inteligente; escrutaba nuestros pasos y hasta nuestros sentimientos. Sabían lo que hacíamos porque lo ven todos los días, era el peaje que debían pagar para su supervivencia. Y por eso creo que su mirada era también de resignación, como diciendo:
“Aquí estamos aguantando un día más a estos plastas que se repiten. Siempre con unos cacharros delante de la cara y que no dejan de apretar con el dedo. Nos miran mucho y de vez en cuando suspiran y sonríen con nuestros movimientos. Pero aquí estoy yo para girar la cabeza a otro lado cuando me aburro de veros incluso os doy la espalda y vuelvo a miraros cuando me apetece. En fin aquí estoy tal cual una vez más”.


















Allí estábamos todos mirando aquellos extraordinarios ejemplares, pero no me sentía como cuando observaba otros animales, ni siquiera los elefantes o delfines que tan inteligentemente miran a las personas causaban la misma impresión.
Sentía sus ojos en mis ojos, su mirada clavada en mí adivinando mis pensamientos y sentí cierta vergüenza; de invadir su intimidad, de llegar a su casa sin pedir permiso y ponerme a mirar, a mirar esa mirada humana que no animal.
Desde el primer momento su mirada fue lo que más me atrajo.

“Gggrrr, grrr, quuu, quuu, quu, grrrrrrrrr, ggggss, gs”
Dejé mis reflexiones al oir unos leves gruñidos, apenas audibles a mis espaldas. Me volví y vi la cara de un ranger haciendo muecas para emitir los gruñidos. Pronto descubrimos que estos gruñían y carraspeaban suavemente para controlar o tranquilizar a los gorilas, no con sonidos bruscos sino con suaves repeticiones de 2 a 5 fonemas.
Llevaban años haciéndolo, ya que a cualquier movimiento extraño o nervioso de los gorilas los ranger utilizaban sus “susurros” y los gorilas seguían con su calma habitual.
La verdad es que estos guardas eran de admirar. Habían acostumbrado años atrás a muchos grupos de gorilas de Ruanda a la presencia humana a base de aguantar cargas de los silverback. Cargas que consistian en golpes furiosos contra su pecho o suelo por parte de los gorilas y sobre todo carreras cortas y rápidas hacia lo que ellos veían como una amenaza, los guardas o ranger. Estas carreras se quedaban en amagos porque los ranger se agachaban y sometían, no huían ni corrían, puesto que corriendo el riesgo de desastre era total. Así que demostraron un valor tremendo, el mismo que demostró Diane Fossei soportando cargas cuando todavía no se sabía si eran soportables. Todo para conseguir el mayor acercamiento a estos animales que ningún ser humano consiguió nunca.
Gracias a estos protocolos de actuación por parte de los ranger años atrás, las conductas de los gorilas estaban “reeducadas” y los turistas no teníamos que aguantar estas cargas















Miré a Marga que filmaba a la pequeña cría, la única que rompía la seriedad de los gorilas, ya que hacía todas las monerías posibles ante las risas de todos. Sobre todo cuando se subía a la espalda de su madre y se dejaba caer cabeza abajo hasta el suelo, así hasta 4 veces. La madre parecía también estar en un momento más lúdico que el silverback que nos miraba de vez en cuando de reojo altivamente y con la barbilla subida.
Seguimos visitando todos los minigrupos de gorilas y cada uno de ellos era una sorpresa permanente. Tres hembras tumbadas placenteramente boca arriba comían alguna hoja mientras miraban al cielo. Pero una de ellas era diferente; de ojos más naranjas que las otras y también más cercana y curiosa, se tumbó de costado y siguió comiendo. Los demás se fueron a ver el siguiente grupo de gorilas pero yo me quedé mirándola un buen rato. Me arrimé poco a poco a esta simpática gorila. No estábamos solos ya que uno de los ranger vigilaba mis movimientos justo detrás de mí. La fotografié y volví a mirarla mientras levantaba su cara del suelo unos segundos para mirarme, luego posaba de nuevo su mejilla en el suelo manteniéndome la mirada unos segundos que me parecieron eternamente intensos. Me acerqué un metro más, muy despacio, llegando a estar a 2 metros de ella. Le hice un primer plano a pesar de tener la mano del ranger en mi hombro derecho. Levantó la cabeza una vez más cuando me marché.
















Cuando llegué con los demás turistas estos contemplaban un enorme ejemplar de silverback más grande que los anteriores y probablemente el jefe de todo el grupo. Estaba con su pareja, una hembra adulta y una cría bastante mayor que se escondía detrás de él. Este silverback observaba a los turistas con una mirada intensa, escondida por una visera natural formada por su prominente frontal. Este inmenso ejemplar no tenía mirada de resignación, era más bien una mirada directa, una mirada severa que vigilaba todos los movimientos que hacíamos. Sus pectorales eran inmensos y marcados, todo en él irradiaba fuerza descomunal. Si hubiera querido estrujarnos como un papel no hubiéramos tenido defensa alguna, pero el ejercito armado de Ruanda nunca tiene que intervenir porque son criaturas pacíficas si no se las molesta y están acostumbradas a los turistas.
A pesar de todo tienen su lado oscuro; el infanticidio está muy presente en los gorilas cuando un espalda plateada es sustituido por otro. El que llega suele matar a las crías del anterior para asegurarse su descendencia, ya que mientras las gorilas están en el periodo de lactancia que dura 3 años, no ovulan. En el momento que matan a las crías las hembras gorila ya pueden ovular y dar descendencia al más fuerte.
















Las hembras por su parte tienen su primera cría con 10 años y pasan otros cuatro para que puedan tener más. Los machos empiezan a tener la espalda platea da con 14 años y tienen dos opciones marcharse del grupo en busca de hembras o quedarse y copular furtivamente, si el grupo es grande es más fácil. Con 16 años tienen la espalda completamente plateada y les ha costado muchos años y esfuerzo hacerse grandes y fuertes, así que si consiguen el poder del grupo no pueden esperar 4 años más a que las hembras dejen de ovular para poder perpetuarse. Esta parte de la vida los gorilas es bastante cruel, y algunos estudiosos de estos animales piensan que si no fuera así, las primeras crías del macho dominante serían del más fuerte, pero las últimas no lo serían. De esta forma aseguran que las crías son del más fuertes en todo momento, dando siempre “lo mejor a la especie”.

Terminamos nuestra visita después de ver algunos gorilas más, cada uno con su sello de identidad, la huella nasal que es única en cada ejemplar. En total vimos 4 espaldas plateadas pertenecientes a este grupo numeroso de gorilas, en una visita intensa y maravillosa.
Se acabó nuestra hora y los ranger y guías iban apremiándonos para que nos marcháramos. A llegar a una loma donde se dejaba de ver a los gorilas, miramos hacia a tras con pena aquel bosque de lobelias donde todavía habita el gorila de montaña.















Llegamos al punto donde habíamos dejado las mochilas y la comida. Almorzamos algo casi en silencio, rumiando y asimilando cada uno lo que habíamos visto. Un encuentro lleno de emociones pero también inquietante; los gorilas de montaña, apenas 700 en el mundo, eran protegidos y cuidados y podían salir a delante a cambio de perder su intimidad cierto número de familias una hora al día. Mejor esto que la extinción.
Al final el turismo, ósea el dinero salvará la vida de los gorilas, el mismo dinero que los condenó a muerte a manos de los furtivos. Su suerte es que ahora valen más vivos que muertos, puesto que 100 personas al día a 500$ son 50000$ por jornada, o un millón de dólares cada 20 días o si se quiere 18 millones al año solo en permisos. Esta última cifra hay que multiplicarla por 20 en gastos de hoteles, coches, visados, comidas…














Durante el descenso del volcán Karisimbi pensaba en todo lo que habíamos visto. Mi mente todavía estaba allí arriba, mientras mi cuerpo atravesaba de nuevo bosques de hagenea y bambú. Tendría tiempo para reflexionar sobre los gorilas más adelante, pero en ese momento mis recuerdos se detenían y concentraban en las lúcidas miradas de los gorilas.

En la bajada más de alguno se cayó de culo en las pendientes más empinadas y resbaladizas ya que nuestra velocidad era notablemente mayor.
La última parte del camino, ya en las zonas de cultivo, estuvo salpicada por diferentes grupos de niños que nos saludaban con la mano. Niños de las montañas de coloridas ropas y diferentes tamaños que adornaban las laderas junto al pequeño riachuelo.














Por fin llegamos a nuestro destino, Joseph y Richard nos esperaban en el todoterreno. Antes de partir nos dieron los respectivos diplomas y nos despedimos de los guías, rangers y compañeros de trekking.

Mientras nuestro auto bajaba por las pistas forestales Marga y yo hablamos de todo lo que habíamos vivido allí arriba. La suerte de ver y sentir uno de los mayores espectáculos de la naturaleza, los gorilas de montaña. Comentábamos que los silverback eran majestuosos, “budas negros” les llamo Diane Fossey, y aunque aquellos animales me parecían ejemplares extraordinarios, mi cabeza no dejaba de dar vueltas a la mirada cercana, tierna y cariñosa de aquella hembra de ojos naranjas.

Trekking familia Susa



Gorilla Trekking in Rwanda from gtrevice on Vimeo.

7/8/09

Camino de Kampala

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Ruhengeri - Kisoro

Cuando llegamos al hotel Ishema de Musanze liquidamos el check out. En principio teníamos pensado pasar una noche más en Musanze (Ruhengeri) pero decidimos pasarla en el Traveler's Rest hotel de Kisoro, mucho más agradable tranquilo y cómodo que el Ishema de Ruanda.
Antes de partir realizamos las últimas compras por las calles de Musanze; algunos recuerdos para nosotros y sobre todo algo para nuestros niños.
Cuando llegamos a la frontera nos tocó pagar por segunda vez el visado de entrada a Uganda, ya que no los hay de doble entrada como en otros países, que además suelen salir más baratos.
Llegamos al lodge Traveler's Rest al caer la tarde. la tranquilidad de este lugar se agradecía muchísimo, además nos cedieron una suite y cenamos magníficamente, ya que la comida aquí es muy buena. No nos cobraron la habitación ni la cena y el desayuno del día siguiente en compensación por los problemas que el coche dio. En este sentido Gorillatours - la empresa a la que alquilamos el coche – fueron bastante profesionales, al estilo Norteeuropeo, y nos ofrecieron varias compensaciones.
Antes de cenar habíamos podido contemplar una exhibición de baile autóctono por parte de unas niñas ugandeses que no tardaron en sacarnos a bailar. Era la segunda vez que bailábamos en este viaje, la primera fue con los pigmeos.
Seguir el ritmo de este baile no era fácil ya que era la coreografía incluía algunas sacudidas como desmembrándose con amplios movimientos de piernas y brazos mezclados con saltos a bote pronto a una y dos piernas.






















Después de unos agotadores pasos no recogimos un rato en las habitaciones. Ya comenté en otra ocasión que la decoración del lugar era preciosa y con mucho gusto. La dueña, holandesa, se había encargado personalmente de engalanar el lodge y se sintió orgullosa y agradecida cuando le dijimos que incluso la iluminación estaba muy lograda.
El lugar era relativamente caro para Uganda ya que salía por 75$ la doble con desayuno ( unos 50 euros de julio de 2009). Aun así no es caro para un lodge, aunque a nosotros nos salio gratis la suite (esta si era cara) de 129$ con FB que nos cedieron para compensamos.
En fin, pasamos muy buenas horas en este lugar, además Marga por fin recupero su mochila con toda su ropa y el saco con los dos aislantes que iban en ella. Dos días antes de nuestra marcha, pero ¡más vale tarde que nunca!
Por fin Marga podría ponerse algo más que el único pantalón y camiseta que llevaba puesto el día del vuelo, a parte de otro pantalón y alguna camiseta que le quedaba bastante grande de las mías. Por lo visto la mochila nos había perseguido por toda Uganda y aunque la agencia que nos alquiló el coche intentó que otro de sus coches nos alcanzara no lo consiguió hasta casi el final del viaje.

















Kisoro - kampala

Durante el camino de vuelta tuvimos mucho tiempo para observar más detalles de las gentes de Uganda, sus paisajes y algo de su fauna. Doce horas de viaje dan para mucho.
Nos levantamos temprano para afrontar este largo viaje lleno de caminos polvorientos. Ls primeras horas discurrieron por puertos de curvas interminables donde pudimos ver una vez más la majestuosa orografía de Uganda.















En lo alto de uno de estos puertos estaban sentados dos hombres que vendían patatas, a su lado tenían una pirámide inmensa de patatas.
Joseph paró y se dirigió hacia ellos. Desde el coche pudimos ver como cruzaba unas palabras con uno de los vendedores, parecía un regateo formal. Le llenan un saco hasta arriba y luego otro, sacos de 1,70 m de altura.
Joseph pensó que era una buena compra para llevar a Kampala. El vivía allí y solía comprar el último día, como casi todos los chóferes de safaris, cualquier tipo de viandas a los agricultores del camino, más económica que en la capital.
Cuando terminaron de llenar el segundo saco Joseph seguía porfiando por el precio y pareció subir la voz, el vendedor dijo algo, Joseph dio media vuelta y se marcho maldiciendo. Allí quedaron los sacos, por lo visto no habían llegado aún acuerdo. Nosotros nos alegramos un poco, ya que por lo menos eran 100 Kg. de patatas en la baca del coche que nos iban a ralentizar bastante la marcha. No le hubiéramos dicho nada ya que era su último día y para él era un buen beneficio.






















Unas horas más tarde pudo resarcirse. Bajando otro puerto paró en otro lugar donde solo había un solitario campesino con algunas gallinas y unos extraños bultos en el suelo. Por lo visto vendía huevos. Pero no era una venta cualquiera, en estos países la capacidad de sorpresa no cesa ni haciendo la compra más simple.
Resulta que los huevos no se venden de cualquier manera, aquí no tienen hueveras como en Europa, ni tampoco los envuelven en cucuruchos de periódico como antiguamente se hacía en España el sistema es mucho más peculiar.
En primer lugar se usan unos “contenedores” muy especiales llamados Etú que almacenan 40 huevos. Los etú están hechos de grandes hojas de platanero que envuelven las 4 decenas de huevos y cuyo resultado final es una especie de pera o maraca gigante (como el de la foto). A su vez, entre cada huevo que va dentro van intercaladas multitud de hojas plegadas que hacen que ninguno de los huevos se toque con los otros; cada uno tiene su habitáculo, está perfectamente amortiguado y la resistencia del conjunto es increíble.
Joseph compró dos Etús aun precio irrisorio de 1,5 $ pagados en chelines ugandeses. Osea 1 € por 40 huevos de granja o lo que es lo mismo, 2,5 céntimos de Euro por huevo. Richard compró también un etú, en total tres. Los soltaron todos en la parte de atrás donde teníamos las maletas, al parecer esto aguantaba los golpeteos bastante bien.
Me acordaba de los concursos de lanzahuevos que se montaban en muchas escuelas de ingenieros y cuyo ganador era aquel que dejaba más intacto el huevo, que iría a su vez “montado” en un aparato diseñado al expreso. Este era lanzado desde la azotea a la calle o por el hueco de una escalera desde el último tramo de estas.
Seguramente estos “ingenieros” rurales hubieran quedado en primer lugar con algún prototipo a base de hojas de plátano.


















Retomamos nuestro viaje hacia Kampala. Horas más tarde vimos un camión volcado en una parte del camino donde este se hacía peligrosamente arenoso, uno más en los peligrosos caminos de Uganda.
A cuatro horas de Kampala en un viaje en el que sólo habíamos parado media hora para comer, vimos unos humedales preciosos. Le dijimos a Joseph que parara. En medio de este humedal, un solitario y hermoso ejemplar de Sadde Billed Store se paseaba buscando algún bichejo que echarse a la boca, me acerqué lo que pude y tiré unas cuantas fotos; era el tercer y último ejemplar de esta bella especie que vimos en Uganda.

Más adelante pasamos de nuevo por el ecuador terrestre, distinguible por unos círculos verticales a modo de estatuas situados en los márgenes de la carretera y señalado por la supuesta línea entre dichos círculos. Allí bajamos un rato para ver unos puestos de ventas artesanales y camisetas y otros que hacian referencia al ecuador.
Continuamos nuestro viaje, en realidad nuestro itinerario de Kisoro a Kampala discurría en sentido Sur- Noreste, por lo que en la segunda mitad del viaje pasamos relativamente cerca de Lago Victoria. En un momento dado aparecieron en los márgenes de la carretera mujeres y hombres vendiendo pescado en puestos de madera, bueno en realidad eran puestos fabricados con cuatro palos verticales y dos horizontales con el pescado colocado en ellos. Otros circulaban por los caminos con una vara de madera colocada en sus hombros por donde colgaban numerosos peces por cada lado. Una mujer menuda llevaba un ejemplar casi tan grande como ella.

















Durante el camino de vuelta habíamos pensado parar en Kasete, un pueblo de pescadores del Lago Victoria, pero pronto vimos que no nos daría tiempo. Las doce horas de trayecto no hacían viable la visita por lo que tendríamos que dejarlo para el día siguiente.
Llegamos de noche a nuestro hotel, el Airport Guesthouse Entebbe, un hospedaje tipo lodge cercano al aeropuerto del mismo nombre. Este incluía por una noche de hotel el traslado al aeropuerto el día de partida.
Nos quedaba un día de viaje, así que el plan para el día siguiente sería conocer Kasete, el pueblo de pescadores del lago Victoria y después visitar Kampala, que el primer día ya habíamos visto fugazmente para cambiar dinero.

Nuestro alquiler de coche terminaba esa noche en Entebbe, así que nos despedimos con cariño y cierta congoja de Richard y el viejo Joseph que tan buenos momentos nos hicieron pasar y con tanta profesionalidad nos trataron.