22/11/09

El Viaje


Una vez más me enfrento al comienzo de un nuevo blog de viajes. Siguiendo con la senda africana (Tanzania) del año anterior “saltamos” a Uganda y Ruanda, pero esta vez sin niños y por un periodo de 12 días. Nuestros “peques” mayores estaban en Gozo (Malta) dándole al inglés, y el pequeño Hugo con la familia.


























El hecho de que tanto en Uganda como en Ruanda sólo se permita la visita a los gorilas a partir de 15 años, dejaba a dos de nuestros tres hijos fuera. Incluso para ver los chimpancés se requería ser mayor de 12 años. Así que pensamos que esta era nuestra oportunidad de realizar “una visita” que siempre quedaba relegada por diferentes motivos.




















Con los mayores en Malta, pensamos en llevarnos a Hugo a pesar de que no fuera a ver a los gorilas ni a los chimpancés. Habíamos pensado incluso conseguir los permisos del trekking de los gorilas en días alternos y quedarnos uno con Hugo mientras el otro hacía el trekking. Después de todo el viaje tenía muchísimos encantos aparte de los gorilas, como son los espectaculares safaris fluviales, una sorpresa y un gran descubrimiento, y la densidad más increíble de aves que uno pueda ver en todo África, hasta 1061 especies a día de hoy.























A parte de esto, como casi siempre en África, la gente y su simpatía entrega y calor, los niños de Uganda y su desvergüenza encantadora. Todos estos motivos y muchos más hubieran sido suficientes para llevar a Hugo con nosotros. Pero también pensamos que un segundo año consecutivo de antimaláricos en su pequeño hígado le dejaría sin defensas. Este último motivo fue suficientemente contundente para que esta vez viajáramos solos, como en los viejos tiempos de mochileros.






















De hecho, de todo lo importante de Uganda y Ruanda, que es mucho, tengo que reseñar las sobremesas, desayunos, comidas y cenas sin prisas, sin que nadie se levante de la mesa, sin preocuparse si comen los peques, con tiempo de sobra para un coffee, tranquilos, escribiendo, hablando… Y a pesar de que les echamos mucho de menos, sobre todo a Hugo, fue un viaje de los más relajados que hemos hecho en los últimos tiempos.




























Al principio pensamos hacer un tour completo con una agencia. Pero casi todas se quedaban en 6 días y no incluían Murchison Fall que era un paquete aparte, cuando lo incluían dejaban fuera a otros importantes Parques. Normalmente incluían un Parque Nacional con 2 o 3 días para el trekking a los gorilas: uno de trekking propiamente dicho, otro para llegar, otro de estancia… En fin que ellos se lo guisaban para que tus dólares no cundieran mucho. Si querías un recorrido completo o bastante completo de Uganda, los precios se desorbitaban en cualquier agencia. Me considero un buen buscador, pero daba igual ir de camping, buscar agencias ugandesas tanzanas, keniatas… Ver Uganda un poco decentemente se ponía en unos precios desorbitados. Así que decidimos alquilar un coche y alojarnos en guesthouse o bandas de tipo medio.

























En total unas 1555 millas o 2500 Km recorridos en un todo terreno alquilado con chofer a la agencia Gorillatour, que es de las primeras que suelen salir al buscar en Google paquetes por Uganda. El coche nos dio algún problema con la suspensión durante todo el recorrido, y también un gato hidráulico que no funcionaba y nos hizo perder 1:30 horas del game drive en Queen Elizabeth . Pero la agencia regentada por un holandés y su mujer Virgo (ugandesa), nos compensó con un par de noches en sus guesthouse (una en Kisoro con comida y otra en Entebbe) y reponiéndonos 200 $ de lo pagado previamente (1º día) por el alquiler. Detalle que habla muy bien de la agencia, capaz de asumir sus errores y enmendarlos en parte.


















El vuelo lo habíamos comprado en Navidades con Egyptair, con escala en El Cairo y destino final en Entebbe, por unos 720 Euros por barba. Este precio para salida el 4 de Julio y vuelta el 15. Cualquier otra fecha subía unos 300 o 400 euros más. De todas formas es fácil conseguir vuelos baratos a El Cairo con Egyptair, y con esta misma compañía también vuelo barato desde El Cairo a Entebbe o a cualquier destino africano. Nosotros conseguimos vuelo con escala el mismo día, pero con tiempo y con una escala de 1, 2 y 3 días en El Cairo, cualquier destino africano y cualquier intervalo de tiempo está al alcance de cualquier viajero, con un precio global bastante bueno.

























Volviendo a los gorilas, nuestro interés venía de mucho antes y casi nunca encontrábamos un hueco para verlos. Teníamos miedo además de que lo que ahora se podía ver, en un futuro dejara de verse porque limitaran los permisos o porque incluso la amenaza de la extinción de los gorilas cobrara fuerza..
De los tres destinos turísticos con gorilas de montaña, descartamos El Congo, entre otras cosas porque a principios de año estalló el conflicto del coltán, ya saben ese mineral ( mezcla de minerales) que se utiliza para la fabricación de aparatos que dan contenido las nuevas tecnologías, como móviles ordenadores, pantallas de plasma, videojuegos, armas inteligentes, medicina (implantes), industria aeroespacial… Hay varios países que son ricos en coltán como Australia, Canadá, Brasil; también en países africanos como Ruanda, Etiopía o la Republica Democrática del Congo (antigua Zaire, antigua R.D. del Congo en la ocupación Belga), pero es en la R.D. del Congo (no confundir con el otro Congo: Rep. del Congo) donde la extracción se hace de manera más artesanal y por tanto es más barata su extracción y mayores los beneficios.




















Este mineral es extraído por hombres mujeres y niños en regímenes de semiesclavitud, en contacto directo también con otros minerales asociados al propio yacimiento o al coltán como son el uranio, el torio y el radio con el consiguiente perjuicio para los extractores, por si no tuvieran ya suficiente . Así El Congo permanece en permanentes conflictos asomándose poco a poco al abismo de la guerra civil, auspiciado por las grandes potencias, a las que les interesa que el preciado mineral a bajo precio siga sin dueño claro.


















Descartado El Congo nos quedaba Ruanda o Uganda, y aunque hay otros países con gorilas, como los gorilas del río Cross (Camerún y Nigeria), o los de llanura Occidental situados en Gabón, República del Congo, República Centroafricana, Guinea Ecuatorial, Angola y Camerún, los de llanura Oriental en la República Democrática del Congo, y otra subespecie de gorila en este último país que es el gorila de Grauer.
Teníamos claro que queríamos ver Uganda, mucho más que ofrecer que Ruanda, no solo en cuanto a Parque Nacionales, sino también por ser muchísimo más grande. Lo que no teníamos claro era en que lugar ver los gorilas. Si en el principal destino de Uganda para verlos, el famoso Bosque Impenetrable de Bwindi ,o en Las Montañas Virunga dentro del no menos espectacular Parque Nacional de los Volcanes en Ruanda.
















En principio optamos por el Bosque Impenetrable, pero cuando escribimos al organismo encargado de conceder los permisos: The Uganda Wildlife Authority UWA
uwa@uwa.or.ug. (para gestionar los permisos).
Nos dijeron que no tenían hueco para el día que nosotros habíamos elegido. Decidimos escribir al organismo que gestiona los permisos en Ruanda, la Office Rwandaise du Tourisme et des Parcs Nationaux (ORTPN)
reservation@rwandatourism.com (para gestionar los permisos)
y aunque nos dijeron que el día 13 de Julio estaba totalmente ocupado, nos dieron la opción de hacerlo el 12, esto nos quitaba un día de nuestro recorrido por los parques Nacionales de Uganda, pero nos daba uno más para ver Kampala y algo más. Así que nos quedamos con el 12 de julio, me enviaron un número de cuenta del BNR (Nacional Bank of Rwanda) con oficina en Kigali para realizar la transferencia de los dos permisos (1000$, 500 por barba). Al final sale por algo más ya que desde España te cobran algo por el envió, no recuerdo cuanto, y allí también te cobran por recibirlo (35$), este último “impuesto” te dejaba a deber 35 $, para ellos solo habíamos pagado 965$, que más adelante tuve que reponer.Todo este baile de e-mail o hicimos a primeros de Marzo, y en el caso de Ruanda (ORTPN) la encargada de contestar en las oficinas (marzo de 2009) era una tal Esther, muy amable y atenta.


















Al final, Ruanda fue destino para ver los gorilas de montaña (gorila beringei beringei), de los que sólo quedan unos 700 entre R.D. del Congo, Uganda y la propia Ruanda.
En fin, un viaje intensísimo en colores, olores, sensaciones y vivencias. En unos países con una orografía de continuas montañas verdes, muchas con grandes extensiones de cultivo en terrazas imposibles, acompañado con una inmensidad de cursos fluviales. Unos países donde el contacto y acercamiento con la gente, es fácil y agradable, en especial los niños, Uno no dejará de escuchar en todo el viaje, en cualquier camino o carretera, desde cualquier pueblo recóndito, ladera, colina, lago o choza, la palabra Muzungu (cara pálida o blanco), o mejor dicho bye-Muzuuuunguuuu. Una palabra que “lanzan” de manera graciosa todos los niños de Uganda a los extranjeros que transitan por los caminos de estas fantásticas tierras.








13/11/09

Entebbe-Camino de Murchison Falls

http://ugandaruanda.blogspot.com/






















Aunque salimos de España el día 4 de julio a las 4:45, llegamos a Entebbe (aeropuerto de Kampala), vía El Cairo a las 4:15 (5:15 hora de allí).
Nada más llegar, nube de mosquitos sobre nuestras cabezas. En el suelo se veían manchas oscuras producidas por la densidad de mosquitos muertos. Curiosamente la vuelta fue sobre la misma hora y ese día no había mosquitos, supongo que por la influencia del lago Victoria.
El trámite del visado fue bastante rápido, no necesitamos las dos fotos que supuestamente te pedían, ni siquiera nos hicieron foto con la Webcam.





















Seguidamente pasamos a recoger nuestro equipaje. Salió mi mochila y la tienda de campaña. La mochila de Marga se retrasa,… tanto que no llega a salir. Unos siete viajeros nos amontonamos en la oficina de reclamación de equipajes extraviados o perdidos.
Alguna vez nos tenía que tocar. Lo de perder las maletas les pasaba a los demás, pero en este viaje nos desquitamos pero bien, ya que a la vuelta tuvimos ración triple.
El caso es que, al no ir con los niños, habíamos pensado en llevar menos equipaje y no facturar como hacíamos en nuestros tiempos mozos. Pero el hecho de llevar también en nuestras mochilas el saco de dormir y el aislante inflable, hacían que estas sobrepasaran las dimensiones máximas de equipaje de mano. Así que nos tocó facturar (última vez que lo hago en mi vida) .






















Después de reclamar y de que nos dijeran que la mochila llegaría para el 8 0 9 de julio, salimos del aeropuerto y nos esperaba el chofer del coche alquilado, Joseph, y nuestro guía Richard que sería el encargado de que reconociéramos a la mayoría de animales ,aves incluidas, de Uganda.






































Richard nos dio la bienvenida y mostró su preocupación por nuestra tardanza. Le explicamos lo de la demora por las maletas y nos llevaron (6:00AM) al guesthouse de la agencia, allí desayunamos y pagamos el alquiler del coche. Posteriormente fuimos a Kampala a cambiar dólares por chelines ugandeses. Después de mirar en tres sitios el mejor cambio lo tenían en un hotel, donde también el cambio euro-chelín ugandés es bueno (se pueden cambiar sin problemas dólares o euros), no tanto como los Forex bureaus http://www.ugandaforex.com/ desgraciadamente cerradas en domingo, día de nuestra llegada. Las visas son aceptadas sólo en la capital y no en todos los sitios. Conviene asegurarte en tu banco si tu tarjeta es válida para el país. Los Cheques de viaje no valen fuera de Kampala.

















Después de llenar los dos depósitos del todoterreno, comprar tres cajas de botellas de agua de las de medio litro y algunas viandas para el viaje, emprendimos la marcha a nuestro primer destino: Murchison Falls, justo al norte del país. Pasaríamos parte del día en la “carretera” (unas 8 o 9 horas).

CAMINO DE MURCHISON FALLS
Al ser domingo y temprano, no tuvimos muchos problemas para atravesar Kampala, normalmente abarrotada de coches y gente. Y a pesar de que los habitantes no trabajaban, se veían a un lado y a otro de la carretera según salíamos de la ciudad, las “tiendas de los ciudadanos de Kampala”, unas ligeras construcciones, casi siempre de adobe, con la mercancía fuera de ellas: muebles como sillones o somieres, forjas, ataúdes, algunos de vistosos colores, cerámicas, tambores, maderas, montañas de plátanos, sacos de carbón gigantescos (dos metros de altura) que eran transportados colosálmente por enjutos ciclistas en rampas de desniveles brutales. Todo esto y más se vendía a la intemperie y se iba sucediendo ininterrumpidamente según dejábamos la ciudad.
















Según salimos de Kampala se iban sucediendo paisajes verdísimos y montañosos y en los laterales de la carretera, la gente circulaba en bicicleta o a pie, casi siempre con grandes cargas, que solían ser grandes bidones amarillos de agua, o grandes montones de leña o paja, cuando no inmensos fardos de cebada llevados en equilibrios inverosímiles sobre la cabeza por mujeres duras y trabajadoras hasta la médula, que muchas veces llevaban también un bebé a la espalda.























Los hombres van en bicicletas sin cambios, de las que se fabrican en China y en algunos países poco industrializados. Esto les obligaba a subir las grandes rampas y desniveles de Uganda a pie, empujando la bici, casi siempre cargadísima de lo que la tierra daba por allí. A veces eran plátanos, otras veces piñas, patatas y, cerca del lago Victoria, grandes peces.
Íbamos avanzando hacia el Norte de Uganda, y las horas pasaban, pero no dejábamos de sorprendernos de este fantástico espectáculo que es observar otras costumbres, otras vidas.



















También en los laterales de la carretera o caminos se iban amontonando los frutos de la tierra, Ahora tocaba patatas y la gente las agrupaba piramidalmente en la cuneta para sacarse unos chelines. Los montones de patatas estaban diferenciados e intercalados por colores, las patatas de piel marrón como las nuestras y las rojizas. De vez en cuando aparecía una pirámide de yuca o zanahoria que le daba a la composición un colorido matisseano, sobre todo si la vendedora era una mujer con su vistoso y característico vestido.























De tanto en tanto paraba algún coche y se le abalanzaban un puñado de vendedor@s ofreciendo su mercancía.
Uno no sabía donde fijar la vista, si en los increíbles paisajes o en la gente asomándose a la vida a primeras horas de la mañana, saliendo de sus chozas o casas de adobe rojo.
Paramos a comer a mitad de camino a la altura de Masindi. Después de reanudar la marcha, todavía nos esperaba otras cuatro horas más o menos de viaje, y aunque estábamos cansados del vuelo y la carretera, era difícil cerrar los ojos. Pensaba que si me dormía iba a perderme en ese preciso instante la imagen más hermosa. Así que no había manera de pegar ojo, además ya habría tiempo de dormir.



















Mientras el coche seguía su camino, se podían ver cada ciertos kilómetros, pequeñas empresas familiares dedicadas a fabricar ladrillos en pequeños hornos humeantes al aire libre. Ladrillos que eran del color de la tierra que allí mismo recogían a modo de pequeña cantera. Unas veces rojos, otras marrones, a veces endurecidos por el horno, otras más rudimentarios y secados al sol.
Una imagen que veríamos por toda Uganda muchas veces, era la de mayores o niños transportando uno o varios ladrillos por los caminos polvorientos.

















La parte final del recorrido hacía ya un buen rato que se había convertido en camino anaranjado en lugar de asfalto. Y aunque durante el viaje no habíamos podido resistirnos a parar más de una vez, fue en la parte final donde más lo hicimos para ver y hablar con la población, casi siempre niños.





































Llegamos a la entrada del Parque Nacional de Murchison Falls. Allí había un grupo numeroso de adolescentes estadounidenses cuyo minibús había volcado y milagrosamente todos estaban tan campantes. Pagamos a la entrada los 30000 chelines ugandeses por el coche y los 30 $ por persona y noche.
Por cierto ahí va un enlace a las tarifas de los Parques (2009-10), alojamientos en Bandas, autorizaciones y alguna cosa más:
























Toda la población que habíamos visto por los caminos la última media hora iba desapareciendo poco a poco y el Parque Nacional se mostraba exuberante con paisajes preciosos. De las mujeres con vestidos vistosos y sus cargas en la cabeza, pasamos a los monos baduinos que se apostaban a los lados de los caminos, saliendo de la espesura densísima de la selva.













Murchison Falls, fue el parque donde más calor pasamos de todo el viaje. De hecho, en varias ocasiones tuvimos que cerrar la ventanas porque se nos metían las moscas tse tse, que daban unos mordiscos tremebundos, y en más de una ocasión tuvimos que defendernos a sudaderazos ante tan insolentes ataques. Marga se reía de mí porque prefería batirme en duelo a golpes con las dichosas moscas que abrir la ventana un instante para echarlas.
La verdad es que les había cogido manía… y mira que me gustan los “bichos” peques:
http://www.mundomacro.blogspot.com/
Pero incluso se habían atrevido a morder en el cuello al viejo Joseph (nuestro chofer) que tuvo que verse obligado a darse un collejón fulgurante ante tan rastrero ataque.



















Las moscas sólo aparecieron en este Parque en contados momentos y cuanto más apretaba el calor.
Por fin llegamos al mismísimo corazón del Parque Murchison Falls, justamente allí en la zona de Paraa, estaba situado el Paraa Rest Camp, o mejor dicho al Red Chilli Rest Camp. Después de unas 8:30 horas de viaje habíamos llegado a eso de las 3:30 de la tarde.

2/11/09

Murchison Falls - Nacimiento del Nilo

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Murchison Falls Nacional Park probablemente sea el parque más visitado de Uganda.
Este Parque y cataratas se llaman así en honor al presidente de la Royal Geographical Society británica, Sir Roderick Murchison que le encargo en 1866 el último y tercer viaje a África al doctor y misionero David Livingstone, para que confirmara que las fuentes del Nilo estaban en el Lago Victoria. Años antes (1858), aseguró que era en este lago (llamado Nyanza por los tratantes de esclavos) donde nacía el Nilo.


















La verdad es que nadie debería dejar leer algunas de las aventuras de estos primeros exploradores como los ya citados, o como Satanley o Burton. Solían tardar años en cada expedición, llevando multitud de porteadores que terminaban desertando pronto. Estos exploradores cayeron enfermos muchas veces por desnutrición, enfermedades o simplemente asediados por tribus que les tomaban por tratantes de esclavos, cuando no atacados por las fieras como Livingstone, apunto de morir por el ataque de un león. Entonces África estaba “infectado” de animales y no había más protección que una tienda rudimentaria y escopeta, ni autos ni hoteles. Años vadeando grandes lagos, atravesando desiertos, selvas a punto de morir varias veces, fueron los primeros aventureros modernos de África.





















Sí, porque aunque Stanley descubrió la Cordillera Ruwenzori, ya habían sido descritas y dibujadas en un mapa extraordinario para su época por Ptolomeo (geógrafo griego), en el año 150 D.C., como las famosas y mágicas Montañas de la Luna y lugar de nacimiento del rió Nilo. Ptolomeo se equivocó por muy poco.
Aunque en realidad se asume hoy en día que el Nilo nace de varios orígenes, su principal abastecedor es el lago Victoria y lago Alberto. El primero se nutre a su vez del rió Kagera, principal afluente del lago Victoria. El rio Kagera nace en Ruanda y luego discurre por noroeste de Tanzania, siendo frontera natural entre los dos países, gira luego al Este y es frontera entonces entre Tanzania y Uganda desembocando en el lago Victoria.














Hoy en día se considera a este rió el verdadero origen del Nilo, pero soy de los que se quedan como origen con el lago Victoria y sus casi 400 x 300 Km (69.482 km²). Para hacernos una idea, Portugal tiene 91.000 km², Irlanda 68400 km² y Galicia 29.365 km². El lago Victoria es un autentico mar de agua dulce.

















El Nilo nace en las orillas Norte del lago Victoria, en Uganda, recorre unos 6800 Km hasta llegar al Mediterráneo. Atraviesa Uganda llamándose Nilo Victoria y Nilo Alberto. En Sudán, su nombre es Nilo Blanco y se nutre también del lago Turkana de Kenya. Más adelante, en Khartoum (Sudán) confluye con el Azul procedente del lago T´ana de Etiopía. Sale de Sudán ya entre desiertos y a través de ellos llega al Mediterráneo atravesando tierras egipcias











El lago Victoria vierte sus aguas al Nilo en Jinja donde se construyó la presa Owen falls que hace subir el nivel del agua del lago. La primera parte del Nilo se llama Nilo Victoria, lleva las aguas hacia el lago Kyoga, después hasta el lago Alberto. A partir de aquí se llama Nilo Albero. Pero es en el tramo comprendido entre estos dos últimos lagos donde aparece el majestuoso Parque Nacional de Murchison Falls y sus no menos majestuosas cataratas. El Nilo Victoria desciende en tres tramos 120m. Pero su salto más espectacular es el de Muchison Falls con 45metros de fuerza brutal y belleza inigualable por el entorno por el que discurren sus aguas.
Increíblemente el Parque está prácticamente intacto, casi como lo encontraron aquellos primeros aventureros.


























El Red Chilli Rest Camp donde estabamos hospedados, estaba situado en la parte alta de una colina con vistas al Nilo Victoria y las tierras verdes que bajaban escalonadamente hacia sus aguas. El lugar es agradable en cuanto al entorno natural que le rodea y su carácter internacional, mucho americano y europeo la mayoría de ellos estudiantes. Sin embargo ha perdido algo de “acabado” en sus instalaciones, a decir de guías y chóferes debido a la muerte de su antiguo dueño hace dos o tres años.



















En este primer hospedaje en Uganda no tuvimos oportunidad de reservar una habitación con baño propio (self-contained.) y nos hospedamos con una especie de cabaña (bandas) de madera de 4x3 metros muy básica. Habríamos preferido una de las cabañas circulares más acabadas y con su baño. Pero precisamente para estos casos, donde era preferible otra alternativa a la habitación nos habíamos traído la tienda y los dos sacos que hubiéramos colocado donde hubiéramos elegido. Lastima que uno de nuestros sacos , los dos aislantes y nuestra mosquitera habían desaparecido con la mochila de Marga. Así que nos tocó apañarnos con la cabaña.























Al no tener baño nos tocó utilizar los baños comunitarios, bastante básicos en comparación con el resto del recinto y que necesitan una renovación. La zona del restaurante, lo mejor con diferencia, a modo de choza gigante del tipo de las casas con tejado de makuti de Zanzíbar, con mucho estilo, dando directamente a una especie de mirador con vistas al Nilo Victoria.
Aunque en este Parque hace mucho calor, en cuanto cae el sol se agradece cierto frescor que casi obliga a ponerse alguna prenda más.



























Encargamos algo de comer y mientras nos la preparaban colocamos las cosas en la cabaña. Tuvimos que echar de allí varios inquilinos: dos mariposas, una avispa normal y otra gigante y un bicho mitad escarabajo mitad mantis que nunca había visto antes. Por la noche paseaba por los techos una salamanquesa común (Tarentola mauritanica), pero la dimos por bienvenida por su capacidad para quitarnos de encima mosquitos y otros visitantes. El hueco de debajo de la puerta era de dos dedos y era susceptible de ser atravesado por multitud de animalillos, incluso reptadotes. Así que pusimos un par de toallas enrolladas a modo de tapón.




















A la hora de comer decidimos regar las viandas con unas enormes birras de medio litro típicas de muchos países del África subsahariana. De los tipos de cervezas que hay (Club o Nilo) elegimos la primera un poco más floja. Para cenar elegimos Nilo más contundente y de mejor sabor. Durante el resto del viaje sería nuestra bebida oficial fuera de las aguas minerales habituales en los “recorridos”.















Entre la comida y la cena exploramos, los alrededores del Paraa Rest Camp. Ese primer día nos dimos cuenta de la cantidad y variedad tan impresionante de aves que había en Uganda, unas 1068 especies censadas. Los propios guesthouse, campamentos o bandas donde nos alojábamos estaban repletos de toda clase de aves de increíbles colores: rojos, amarillos, naranjas, híbridos… Las aves rapaces se veían sin cesar por toda Uganda. De echo uno de los destinos más apreciados por los amantes de las aves y hacer safaris específicos (Bird Waching tours) es este país.

















Ese día nos fuimos a descansar pronto cansados del vuelo y las muchas horas de carretera. Además, al estar Uganda en el Ecuador, la noche se echaba encima entre las 6:45 o 7 de la tarde-noche. Habíamos despedido a Joseph y Richard antes de comer y nos esperaba el primer game drive en Murchison Falls Nacional Park.












Habíamos quedado a las 6:45 de la mañana ya listos para partir para ser los primeros en el ferry que cruzaba a la orilla norte del Nilo Victoria. Esto no era una tontería ya que a primera hora de la mañana se forman colas para coger el primer ferry de cupo limitado y comenzar el game drive lo antes posible. Si tu coche llegaba tarde debería esperarse a que volviera el ferry, e incluso podría tocarte varios turnos después.



















Aunque salir de los primeros es realmente importante, ya que algunos animales se pueden espantar después de una veintena de coches, creo que hay animales para todos. Además, esto de ir los primeros si quieres mantenerlo, te obliga a no pararte para que no te adelanten los otros coches. Y nosotros somos de mucho parar cuando merece la pena. Digamos que está bien salir pronto pero sin agobiarse.




















GAME DRIVE IN MURCHISON FALLS
A las 6:45 de la mañana ya estamos listos para nuestro primer game drive en Uganda. Joseph y Richard aparecieron puntuales e inmediatamente nos trasladamos al embarcadero justo a 500metros del Paraa Rest Camp. Cuando llegamos, somos los primeros delante de la rampa amarilla que da acceso al ferry del mismo color. Pronto aparecen más coches y se van amontonando en una larga fila. Todos a la espera de cruzar el Nilo Victoria hasta la ribera Norte.



























Nada más cruzar empezamos a circular por las pistas. A esa hora el sol se acababa de estrenar y se notaba cierto frescor todavía. Asomados por el techo del todoterreno nos dispusimos a disfrutar del Parque.
Lo primero que llama la atención de este Parque es su paisaje verde de orografía abrupta de sabana arbolada. Llama poderosamente la atención las palmeras que puntualmente salpican el paisaje.
Aparecen los primeros antílopes de agua en diferentes manadas, elefantes, jirafas…








































Poco a poco el sol impone su presencia y tiñe el verde de un fuego especial que hace todavía más vistoso el paisaje.
Un poco más adelante vemos a un solitario Jackson (Jackson Hartebeast o alcelaphus buselaphus Jacksoni), de la familia de los bóvidos cuya singularidad radica en su cara alargadísima. Después de admirar la bella estampa del Jackson vimos una familia de jabalís africanos o warthogs.























Era impresionante ver el despertar de los animales. Cuando aterrizamos en julio del año pasado en pleno Serengeti, la sabana era seca y de grandes planicies, Aquí el verde daba al paisaje una belleza extraordinaria.
Más adelante le dijimos a Joseph que parara para ver con mayor detenimiento unos búfalos, varios coches que venían detrás nos pasaron con celeridad. Aparecieron más adelante varios Kobus kob thomasi, un antílope típico de Uganda que aparece en el escudo de armas de Uganda junto a la grulla coronada.










Unos metros más allá, el paisaje verde dio paso a zonas más áridas, en esta zona había una ya pequeña base militar. Justo enfrente de la base había chozas de adobe al cobijo de unas altas palmeras. Richard nos dice que también las chozas son de los militares.




















Tuve que abrir los ojos un par de veces para cerciorarme de que lo que había al lado de la última choza era lo que parecía ser: un pedazo de tanque monstruoso en comparación con la casita de adobe, que daba un toque irreal al paisaje. Después de todo, la frontera con El Congo estaba cerquísima de esta zona, justo donde el Nilo Victoria vierte sus aguas al lago Alberto. La Republica Democrática del Congo, en permanente conflicto y con guerrilleros insurgentes marchando a sus anchas, es país para vigilar sus fronteras,. Y en esas estaban los soldados ugandeses.



























Alzo mi cámara y Richard dice que no se puede hacer fotos a las chozas porque son de los militares. Al final desisto, pero me digo a mi mismo que si volvemos por el mismo camino podré hacer una foto relámpago al tanque.
Según avanzamos el delta del Nilo Victoria se va abriendo cada vez más, vertiendo más adelante sus aguas en el lago Alberto. Justo en el delta la concentración de aves se hace mayor. La primera que vemos es un Águila pescadora en lo alto de un árbol con su distinguido cuello y cabeza blanca. Después de recrearnos un buen rato viéndolo continuamos el camino ya sin ningún coche desde hace un rato. Aparecen muchos Martines pescadores en plena faena y una bandada de los preciosos y llamativos Northern Carmine Bee-eater, estos últimos son aves de tamaño medio con plumaje verde y rojizo chillón.

























30 metros más allá vimos un ejemplar de mono sin identificar. La verdad es que en Uganda no se ve la cantidad tan inmensa de mamíferos que hay en otros parques de África, pero aquí las estrellas son los gorilas. De todas formas esperábamos menos y una vez aquí estábamos maravillados por los paisajes y los animales en su entorno. Pero por encima de todo destacaba la cantidad escandalosamente gloriosa de aves a cuál más bella.
A nosotros nos producía una satisfacción enorme avistarlas en su entorno natural. Y esto sólo era el comienzo, pronto veríamos que Uganda es el paraíso de las aves con una cantidad y variedad abrumadora.

















Según avanzábamos ya en la desembocadura del Nilo Victoria al lago Alberto pudimos ver a varios ejemplares de Glossy Ibis con su característico plumaje verde metalizado, garzas blancas, gansos egipcios y al extraordinario y solitario Sadde Billed Store, ave con el doble de tamaño de una cigüeña y biotipo parecido, con plumaje blanco y negro pero que destaca por su colorido y gran pico rojo, ojos amarillos al igual que la zona de agujeros nasales (que no nariz). Tiene también, una mancha roja en el buche del tamaño de una pelota de tenis. En fin, una ave espectacular a la que nos dio tiempo a fotografiar una secuencia entera de despegue, con carrera, batir de alas y vuelo con planeo.
Todo este “encuentro con la pluma” fue un deleite para los sentidos.







































Unos metros más allá, según avanzábamos por el camino, que entonces recorría la orilla del delta, vimos un par de barcas con dos pescadores cada una, rodeadas de imponentes hipopótamos que campaban a sus anchas tanto dentro del agua como fuera. Uno de estos grandes ejemplares llevaba una marca de gran herida en el lomo izquierdo, de alguna motora, o quizás algún cocodrilo.
En una de las orillas del delta paramos unos minutos a estirar las piernas y a escuchar la naturaleza sin el ruido del motor. Silencio total, sólo interrumpido por el acompañamiento de fondo de las aves. Estuvimos unos minutos sin hablar, asimilando ese momento escuchando África. Con nuestros hijos ese tiempo hubiera sido de 15 a 30 segundos, pero ese día lo podíamos prolongar bastante más.




























Cuando ya nos disponíamos a volver, vimos de nuevo al Kobus Kob o antílope de Uganda. Eran dos y al principio luchaban cornamenta contra cornamenta, llenos de barro con el agua hasta la mitad de las patas. Al acercarnos se separaron, pero la estampa era preciosa, complementada con unos cuantos gansos egipcios de la misma tonalidad anaranjada que parecían mirar con curiosidad a los antílope.
A la vuelta más aves, más jirafas, más búfalos y oribis que no habíamos visto antes. Saqué una foto del tanque sin mirar por el visor y pude captar algo aunque borroso.






















Después de un centenar de kilómetros por la orilla Norte del Murchison Falls National Park, llegamos de nuevo al embarcadero. El ferry estaba en el otro lado en ese momento y apenas había unos 5 coches esperando. Un grupo de cinco chicas americanas hacían fotos a varias manadas de elefantes. A la espera del ferry pasamos un rato agradable observando a unos 70 elefantes. Estos iban bajando en grupos hasta la orilla, algunos se bañaban por parejas o tríos lomo con lomo con los hipopótamos, otros sólo bebían. Durante el game drive sólo habíamos visto unos 5 elefantes dispersos y de repente nos encontramos con este regalo final.
















Unos 16000 elefante poblaban Murchison Falls en 1960, pero estos fueron sucumbiendo por la acción del hombre, mermando brutalmente la densidad de paquidermos en el Parque. Hoy en día las políticas de conservación ayudan a que la población se regenere poco a poco.


















Volvimos al Paara rest Camp para comer y descansar un poco, ya que a las dos de la tarde nos esperaba el safari fluvial a las cataratas Muschison.



















CATARATAS MURCHISON
Comimos con algunos jabalís africanos a nuestros pies y unos cuantos Goleen backed, especie de gorrioncillos africanos de tonalidades rojas, negras, pasando por el naranja y amarillo. Estos últimos esperaban expectantes en el borde del respaldo de la silla a la espera de las sobras de los turistas.




















Con un calor tremendo subimos a la barcaza de dos pisos. Este safari ( viaje en suahilí) fluvial duraba unas 3 horas con un recorrido de 17 km, todo ello entre ida y vuelta. Pero nosotros haríamos solo la ida, ya que luego tomaríamos los senderos que remontan la catarata hasta la parte alta de estas. Para ello, Joseph nos esperaría con el coche en la parte alta de las cataratas y Richard nos conduciría por los senderos.



















Normalmente los turistas hacen la visita a las cataratas en dos partes, una en barco hasta la base y vuelta, y otra en otro momento por carretera a la parte alta de las cataratas, imprescindibles también. Pero nuestro guía, Richard, nos habló de la posibilidad de remontar la catarata y no dudamos ni un momento. Así que allí estábamos los tres en el barco.





















Lo que sucedió en la hora y media de navegación hasta las cataratas, lo tenemos grabado a fuego en nuestras retinas. Pensábamos que las joyas de Uganda y Ruanda eran los gorilas, como sin duda así es, pero nadie te prepara para las otras emociones. No imaginábamos que el curso del Nilo Victoria hacia las cataratas estuviera tan espectacularmente lleno de vida. De hecho, los Safaris Fluviales son la otra joya de Uganda, para caerse de espaldas, sencillamente extraordinarios, tanto en el Nilo Victoria como en el canal Kazinga en el Queen Elizabeth NP.
La barcaza zarpó lentamente en dirección a las cataratas Murchison. Ya he dicho antes que este Parque es de los más calurosos de Uganda y el hecho de que fueran las dos de la tarde unido a la gran humedad, aumentaban considerablemente la sensación de calor.




















En el barco un guía explicaba por el megáfono lo que se iba viendo y daba datos generales del Nilo Victoria. Al principio casi todo el mundo estaba en los asientos situados en la parte de abajo. Nosotros enseguida nos animamos a subir. Arriba sólo íbamos cinco personas, ya que la chicharrera era brutal.
Pronto el barco cruzó a la orilla izquierda, que no dejó casi en ningún momento. En esta ribera pronto pudimos comprobar como la vida se abría camino en el Nilo Victoria.























Aparecieron los primeros Martines pescadores manteniendo su aleteo fijo en el aire, sin desplazamiento en busca de presas, poco después se lanzaban vertiginosamente a por su presa con un alto porcentaje de éxito. También cerquísima del barco aparecieron varias familias de hipopótamos, algunos con sus crías, unos en tierra, otros nadando o buceando. De vez en cuando se veía a algún cocodrilo reposando en la orilla con la boca abierta para disipar el calor, en estado petrificado y con alguna garza despreocupada a pocos metros.
Una bandada de Ibis con su plumaje verde metalizado, pasa de derecha a izquierda a muy pocos metros del barco, se oyen exclamaciones de los turistas ante esta “cortina” de plumas.

































A los pocos segundos, dos bandadas de patos egipcios totalmente anaranjados cruzan en dirección contraria a los Ibis. Manadas enteras de búfalos, sentados o bebiendo en la orilla, nos observan con la resignación de los que han visto muchos barcos llenos de turistas. Antílopes de agua van apareciendo cada poco tiempo ante nuestra vista.
De nuevo la imponente y majestuosa Águila pescadora, primero una, a 500 metros dos más, le hacemos fotos, le filmamos con la cámara, la apagamos y justo en ese momento se arranca en un vuelo preciso y a ras de agua coge con sus garras un pez. Alguna foto nos dio tiempo a sacar. El espectáculo dejó a todos los turistas extasiados que se manifestaban en diferentes idiomas, además de suspiros, exclamaciones y otros sonidos difícilmente calibrables. No faltó el característico silbido-aplauso americano.
Increíble regalo no tan infrecuente, ya que otro día tuvimos oportunidad de ver otro vuelo similar.

















Más patos, más hipopótamos y más cocodrilos ahora nadando. Un hipopótamo bosteza a nuestro paso. Después de casi una hora y media y todavía a dos kilómetros de la cascada, vemos que el agua se vuelve cada vez más espumosa, manifestación de la fuerza con la que el agua rompía más adelante. Una hora y media de muchísimas sensaciones, todo ello en un entorno mágico. El Nilo Victoria es de una belleza abrumadora, lleno de riberas verdes a sus lados, solamente interrumpidas por algún barranco agujereado de nidos de aves y totalmente lleno de vida.



























Justo cuando estamos llegando al final del trayecto, aparecen 6 o 7 cocodrilos nadando en fila india y en dirección a la cascada, flanqueados por su lado izquierdo por varios hipopótamos.
A unos 800 metros de la cascada, el barco amarra en unas rocas centrales río y los turistas pueden bajarse a ellas a hacerse unas fotos con la cascada al fondo. A partir de aquí las aguas son peligrosas para el barco.
Después de las fotos de rigor, Richard le dijo al driver del barco que nosotros nos quedamos allí. El barco amarra ahora en la orilla derecha y allí nos quedamos Richard, Marga y yo. O eso creíamos, porque detrás de nosotros bajó un pescador australiano con su guía y tres cañas de gran tamaño. Sin duda se disponía a pescar alguno de los gigantescos ejemplares de Perca del Nilo. Si alguien decide escribir en Google Nile Perch, verá de que ejemplares estamos hablando.























El pescador se quedó atrás pronto buscando su zona de captura. Nosotros nos disponíamos a remontar las cataratas por un sendero estrecho de 2 km en ascenso progresivo y que discurre por la orilla derecha del Nilo Victoria. Si Richard no nos hubiera hablado de esta posibilidad, nos hubiera parecido imposible que existiese un camino a la parte alta de las cataratas.
Allí nos quedamos y el barco dio media vuelta con unos 30 turistas a bordo. Progresamos por un sendero estrecho y casi oscuro de la densa vegetación selvática. De vez en cuando asomaba algún claro y allí comprobábamos que estábamos mucho más cerca de las cataratas y disfrutábamos de unas mejores vistas. Cada vez que asomábamos a uno de estos claros, nos quedábamos un rato escuchando el rugido del agua cada vez más poderoso. Lo que desde lejos parecía una catarata poderosa y bella, de cerca aparecía con todo su esplendor y caudal brutal.
























Le hicimos observar a Richard que el suelo brillaba en la oscuridad de los senderos. Después de mirar con detenimiento nos dimos cuenta que era pirita, el mineral favorito de Pablo, nuestro hijo mediano, que siempre anda recogiendo piedras o minerales de los diferentes montes. Al unísono, Marga y yo nos metimos varias piedras en los bolsillos, primero pequeñas pensando en Pablo, pero como el suelo de los primeros 500 metros estaban tapizados de pirita, nos dio tiempo a coger alguna más grandes.
Cuando el camino empezó a ser más empinado, aparecieron las mejores vistas de las cataratas, ya a apenas 50 metros de ella. En este punto aparecieron algunas barandillas intermitentemente, que conectaban el camino a la parte alta de la catarata, justo antes del salto. En realidad cualquiera que se baje del barco puede remontar el sendero solo, ya que no hay segundos caminos que den lugar a perderse, pero esto nosotros no lo sabíamos.




















Subimos una fuerte pendiente y pudimos ver que la catarata tenía dos saltos y no uno. El segundo quedaba escondido en un recodo del río a la orilla derecha, al que no se tenía vista desde el barco.
Pasamos luego por barrancos que daban vista a la catarata desde un lateral. Al final llegamos a la parte donde empieza a caer espectacularmente, con miles de partículas de agua en suspensión. Un poco más allá, justo antes de que el río se precipite, las aguas estaban más abiertas y pasaban con una fuerza brutal de espuma y olas.
Si uno no quiere remontar las cataratas, no debe perderse la parte alta de las mismas, que son visitables en coche y merecen mucho la pena. Y si uno se anima tiene un recorrido de 2 km por la orilla izquierda según se baja.




























Después de ver la parta alta de las cataratas, Joseph nos esperaba en el coche y los ranger también. A pesar de haber llegado a la parte alta de Murchison Falls bordeando el rió desde abajo, nos querían cobrar la entada como si hubiéramos entrado por el otro lado, justo por donde había entrado Joseph. Al final, después de un tira y afloja tuvimos que pagar la mitad del precio. En otros viajes nos hemos visto en situaciones parecidas y sabemos que hay situaciones poco negociables, lo mejor es no darle demasiada importancia.
De vuelta por los caminos polvorientos, Joseph nos dijo que cuando venía a buscarnos a la parte alta de la catarata había visto una manada de búfalos en una charca y esperaba con todas sus fuerzas que estuvieran allí. Nosotros le dimos las gracias por el detalle de acordarse de nosotros y reservarnos esa sorpresa. Marga y yo pensamos que sería interesante, aunque después de todos los animales que habíamos visto en las orillas del Nilo Victoria, incluido búfalos, pensábamos que nuestra capacidad de sorpresa estaría saturada.
















Cuando pasamos al lado de los búfalos, Joseph disminuyo la marcha pero no pensaba parar. ¡Stop, stop,stop! grité desesperadamente. Aquello no era una charca de agua, sino un cenagal del barro con unos 10 búfalos que estaban metidos hasta los pitones en aquel fango. Hice algunas fotos desde el coche, pero era una escena que necesitaba un esfuerzo añadido. Bajé del coche y anduve unos 40 metros hacía ellos que hice muy lentamente y con la cabeza gacha, haciendo alguna foto cada 15 metros. Estaba a unos 30 metros de los búfalos y a 40 del coche, pero tenía la ventaja de que estaban metidos en el fango. Llevaba dos fotos y todos al unísono se pusieron en pie, mirándome fijamente. Pensé en la remota posibilidad de que se arrancaran hacia mí. Decidí hacer lo que hago cuando vamos de acampada y a las vacas bravas les da por acercarse más de la cuenta. Subí un brazo vigorosa y rápidamente a la vez que emití un sonido estambótico (ya me vi en otra) . Todos salieron desperdigados menos el que se supone que era el líder, que no sólo no se iba si no que dio dos pasos al frente y me miraba fijamente. Decidí hacerle unas fotos en esa postura desafiante. Poco a poco fui marchándome de nuevo al coche, después de haber visto en Internet el video de los búfalos y los leones y como los primeros le daban un correctivo a estos últimos, era el momento de la retirada discreta ante tan contundente mirada.

















Llegamos al Paraa Rest Camp al caer la tarde. Nos duchamos en las duchas comunitarias con agua fría, que en ese momento se agradecía después de la chicharrera.
















































Cayo la noche pronto, y decidimos cenar en unos bancos situados cerca de fuego (no mucho) que todas las noches encendían en el mirador con vistas al Nilo Victoria. Allí, con un par de birras Nilo en un día lleno de sensaciones, rememoramos lo vivido intercalado con silencios y embriagados por el fuego, la luna y la noche africana.