13/11/09

Entebbe-Camino de Murchison Falls

http://ugandaruanda.blogspot.com/






















Aunque salimos de España el día 4 de julio a las 4:45, llegamos a Entebbe (aeropuerto de Kampala), vía El Cairo a las 4:15 (5:15 hora de allí).
Nada más llegar, nube de mosquitos sobre nuestras cabezas. En el suelo se veían manchas oscuras producidas por la densidad de mosquitos muertos. Curiosamente la vuelta fue sobre la misma hora y ese día no había mosquitos, supongo que por la influencia del lago Victoria.
El trámite del visado fue bastante rápido, no necesitamos las dos fotos que supuestamente te pedían, ni siquiera nos hicieron foto con la Webcam.





















Seguidamente pasamos a recoger nuestro equipaje. Salió mi mochila y la tienda de campaña. La mochila de Marga se retrasa,… tanto que no llega a salir. Unos siete viajeros nos amontonamos en la oficina de reclamación de equipajes extraviados o perdidos.
Alguna vez nos tenía que tocar. Lo de perder las maletas les pasaba a los demás, pero en este viaje nos desquitamos pero bien, ya que a la vuelta tuvimos ración triple.
El caso es que, al no ir con los niños, habíamos pensado en llevar menos equipaje y no facturar como hacíamos en nuestros tiempos mozos. Pero el hecho de llevar también en nuestras mochilas el saco de dormir y el aislante inflable, hacían que estas sobrepasaran las dimensiones máximas de equipaje de mano. Así que nos tocó facturar (última vez que lo hago en mi vida) .






















Después de reclamar y de que nos dijeran que la mochila llegaría para el 8 0 9 de julio, salimos del aeropuerto y nos esperaba el chofer del coche alquilado, Joseph, y nuestro guía Richard que sería el encargado de que reconociéramos a la mayoría de animales ,aves incluidas, de Uganda.






































Richard nos dio la bienvenida y mostró su preocupación por nuestra tardanza. Le explicamos lo de la demora por las maletas y nos llevaron (6:00AM) al guesthouse de la agencia, allí desayunamos y pagamos el alquiler del coche. Posteriormente fuimos a Kampala a cambiar dólares por chelines ugandeses. Después de mirar en tres sitios el mejor cambio lo tenían en un hotel, donde también el cambio euro-chelín ugandés es bueno (se pueden cambiar sin problemas dólares o euros), no tanto como los Forex bureaus http://www.ugandaforex.com/ desgraciadamente cerradas en domingo, día de nuestra llegada. Las visas son aceptadas sólo en la capital y no en todos los sitios. Conviene asegurarte en tu banco si tu tarjeta es válida para el país. Los Cheques de viaje no valen fuera de Kampala.

















Después de llenar los dos depósitos del todoterreno, comprar tres cajas de botellas de agua de las de medio litro y algunas viandas para el viaje, emprendimos la marcha a nuestro primer destino: Murchison Falls, justo al norte del país. Pasaríamos parte del día en la “carretera” (unas 8 o 9 horas).

CAMINO DE MURCHISON FALLS
Al ser domingo y temprano, no tuvimos muchos problemas para atravesar Kampala, normalmente abarrotada de coches y gente. Y a pesar de que los habitantes no trabajaban, se veían a un lado y a otro de la carretera según salíamos de la ciudad, las “tiendas de los ciudadanos de Kampala”, unas ligeras construcciones, casi siempre de adobe, con la mercancía fuera de ellas: muebles como sillones o somieres, forjas, ataúdes, algunos de vistosos colores, cerámicas, tambores, maderas, montañas de plátanos, sacos de carbón gigantescos (dos metros de altura) que eran transportados colosálmente por enjutos ciclistas en rampas de desniveles brutales. Todo esto y más se vendía a la intemperie y se iba sucediendo ininterrumpidamente según dejábamos la ciudad.
















Según salimos de Kampala se iban sucediendo paisajes verdísimos y montañosos y en los laterales de la carretera, la gente circulaba en bicicleta o a pie, casi siempre con grandes cargas, que solían ser grandes bidones amarillos de agua, o grandes montones de leña o paja, cuando no inmensos fardos de cebada llevados en equilibrios inverosímiles sobre la cabeza por mujeres duras y trabajadoras hasta la médula, que muchas veces llevaban también un bebé a la espalda.























Los hombres van en bicicletas sin cambios, de las que se fabrican en China y en algunos países poco industrializados. Esto les obligaba a subir las grandes rampas y desniveles de Uganda a pie, empujando la bici, casi siempre cargadísima de lo que la tierra daba por allí. A veces eran plátanos, otras veces piñas, patatas y, cerca del lago Victoria, grandes peces.
Íbamos avanzando hacia el Norte de Uganda, y las horas pasaban, pero no dejábamos de sorprendernos de este fantástico espectáculo que es observar otras costumbres, otras vidas.



















También en los laterales de la carretera o caminos se iban amontonando los frutos de la tierra, Ahora tocaba patatas y la gente las agrupaba piramidalmente en la cuneta para sacarse unos chelines. Los montones de patatas estaban diferenciados e intercalados por colores, las patatas de piel marrón como las nuestras y las rojizas. De vez en cuando aparecía una pirámide de yuca o zanahoria que le daba a la composición un colorido matisseano, sobre todo si la vendedora era una mujer con su vistoso y característico vestido.























De tanto en tanto paraba algún coche y se le abalanzaban un puñado de vendedor@s ofreciendo su mercancía.
Uno no sabía donde fijar la vista, si en los increíbles paisajes o en la gente asomándose a la vida a primeras horas de la mañana, saliendo de sus chozas o casas de adobe rojo.
Paramos a comer a mitad de camino a la altura de Masindi. Después de reanudar la marcha, todavía nos esperaba otras cuatro horas más o menos de viaje, y aunque estábamos cansados del vuelo y la carretera, era difícil cerrar los ojos. Pensaba que si me dormía iba a perderme en ese preciso instante la imagen más hermosa. Así que no había manera de pegar ojo, además ya habría tiempo de dormir.



















Mientras el coche seguía su camino, se podían ver cada ciertos kilómetros, pequeñas empresas familiares dedicadas a fabricar ladrillos en pequeños hornos humeantes al aire libre. Ladrillos que eran del color de la tierra que allí mismo recogían a modo de pequeña cantera. Unas veces rojos, otras marrones, a veces endurecidos por el horno, otras más rudimentarios y secados al sol.
Una imagen que veríamos por toda Uganda muchas veces, era la de mayores o niños transportando uno o varios ladrillos por los caminos polvorientos.

















La parte final del recorrido hacía ya un buen rato que se había convertido en camino anaranjado en lugar de asfalto. Y aunque durante el viaje no habíamos podido resistirnos a parar más de una vez, fue en la parte final donde más lo hicimos para ver y hablar con la población, casi siempre niños.





































Llegamos a la entrada del Parque Nacional de Murchison Falls. Allí había un grupo numeroso de adolescentes estadounidenses cuyo minibús había volcado y milagrosamente todos estaban tan campantes. Pagamos a la entrada los 30000 chelines ugandeses por el coche y los 30 $ por persona y noche.
Por cierto ahí va un enlace a las tarifas de los Parques (2009-10), alojamientos en Bandas, autorizaciones y alguna cosa más:
























Toda la población que habíamos visto por los caminos la última media hora iba desapareciendo poco a poco y el Parque Nacional se mostraba exuberante con paisajes preciosos. De las mujeres con vestidos vistosos y sus cargas en la cabeza, pasamos a los monos baduinos que se apostaban a los lados de los caminos, saliendo de la espesura densísima de la selva.













Murchison Falls, fue el parque donde más calor pasamos de todo el viaje. De hecho, en varias ocasiones tuvimos que cerrar la ventanas porque se nos metían las moscas tse tse, que daban unos mordiscos tremebundos, y en más de una ocasión tuvimos que defendernos a sudaderazos ante tan insolentes ataques. Marga se reía de mí porque prefería batirme en duelo a golpes con las dichosas moscas que abrir la ventana un instante para echarlas.
La verdad es que les había cogido manía… y mira que me gustan los “bichos” peques:
http://www.mundomacro.blogspot.com/
Pero incluso se habían atrevido a morder en el cuello al viejo Joseph (nuestro chofer) que tuvo que verse obligado a darse un collejón fulgurante ante tan rastrero ataque.



















Las moscas sólo aparecieron en este Parque en contados momentos y cuanto más apretaba el calor.
Por fin llegamos al mismísimo corazón del Parque Murchison Falls, justamente allí en la zona de Paraa, estaba situado el Paraa Rest Camp, o mejor dicho al Red Chilli Rest Camp. Después de unas 8:30 horas de viaje habíamos llegado a eso de las 3:30 de la tarde.

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