22/9/09

La triste realidad de los Pigmeos - Lago Bunyonyi II

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Cuando íbamos a visitar a los pigmeos ya sabíamos lo que nos esperaba, pero a pesar de todo queríamos rendirle tributo a este pueblo de 20000 años de antigüedad.
Desterrados de sus queridas selvas por la tala salvaje de árboles para la explotación de maderas exóticas vendidas a países en busca de cenadores que todo lo aguantan, y por la aparición de sucesivos Parques Nacionales que protegen hasta el último gusano del mismo pero del que expulsan y marginan a este formidable y luchador pueblo, los pigmeos (pigmeos = del griego “pigmaios” de pequeña talla) se vuelven dependientes de otras poblaciones y se convierten en mendigos y temporeros ocasionales.
Este éxodo empezó en 1925 con la expulsión paulatina de los pigmeos del Parque Nacional Virunga del la República Democrática del Congo y Ruanda. Esta expulsión continuó en 1970 con la desaparición de los pigmeos del Parque Nacional de Bwwindi en Uganda y del P. N. Kahuzi-Biega también en la República Democrática del Congo, prolongándose hasta nuestros días el asedio a su hábitat natural.



















Los batwas o twa, como son llamados los pigmeos se vuelven sedentarios y se dedican a la alfarería o fabricación de cestos que venden a precios ínfimos.
Los batwas son considerados por los gobiernos ciudadanos sin derechos y con inferior categoría que cualquier otro habitante su país, no tienen tierras en propiedad para cultivar y se les considera unos parias o borrachos por el resto de la población.
Se le echa, se les margina, no tienen derecho a servicio médico porque tampoco tienen derecho a carné de identidad. No se les da medios y luego se les llama inútiles porque no pueden valerse.

Originalmente los pigmeos o batwas vivían de la caza de animales, principalmente antílopes, Jabalí africano ( Phacochoerus africanus), monos y ocasionalmente gorilas e incluso elefantes. Otra fuente de alimentos procedía de la recolección de frutos silvestres, pesca o recogida de miel.
El intercambio de roles está presente en su modo de vida: mujeres y hombres cazan y recolectan.

















Actualmente todos los pigmeos tienen contacto con los agricultores o ganaderos de la zona intercambiando con ellos alimentos por herramientas.
Pero hoy en día el contacto ocasional con la población local dejando esporádicamente las selvas, es a lo mejor que pueden aspirar los pigmeos, porque lo normal es que estén aislados en zonas concretas y sin ninguna relación con la selva de su país de origen.
Muchos habitantes los consideran de su propiedad, como los bantues de Camerún que enumeran las familias de pigmeos que trabajan para ellos en sus campos en régimen de esclavitud.
Los batwas o pigmeos habitan en la selva ecuatorial de África Central : Republica Democrática del Congo, Ruanda Burundi, República Centroafricana, República del Congo, Uganda, Gabón y Camerún.
Su característica principal es su estatura baja por debajo de 1,50 m, aunque dependiendo de la zona de la tribu puede oscilar entre 1,50 a 1, 30 de media ( los pigmeos bambuti miden 1,30m ) . Son de piel oscurísima, ojos saltones, pelo negro y rizado, nariz ancha y achatada y labios prominentes.















Aunque se encuentran principalmente en África Central, también están localizados en el Sudeste de Asia, aunque se desconoce si tienen conexión unos con otros. Si se sabe que tienen un origen común los diferentes pigmeos africanos. Las universidades de Yale, Pavia y Santiago analizaron el ADN de doce grupos de Pigmeos representativos de las diferentes zonas de África; el resultado fue que todos tenían un origen común de hace más de 20000 años.
Otras de sus características que muchas veces no han perdido en sus condiciones más marginales es su maravillosa música polifónica. Capaces de unir varias melodías con diferentes voces del coro comunal, estas voces las superponen a otras a veces con matices complejísimos.
Estos cánticos de gran belleza y dificultad son motivo de estudio por parte de diferentes compositores y músicos de mundo “desarrollado”.
Tienen cánticos para el día a día (trabajo, casa) y para acontecimientos especiales ( matrimonio, nacimiento, muerte)
Por otra parte su relación con la selva es primorosa, son los guías y maestros de la selva. Saben como moverse dependiendo del animal que acechen, saben que posición tomar si son acechados por una fiera de la selva, una para cada animal, saben donde recoger los hongos y frutos silvestres, las plantas que curan …






















Este pueblo maravilloso íbamos a visitar, pero no en su hábitat natural, no en su selva, y aunque aquí la selva está siempre cerca no era lo mismo para ellos.
Aquí en el lago Bunyonyi nos reuniríamos con uno de los grupos de pigmeos o batwas apartados y desterrados de sus orígenes, en un lugar 15 veces mágico y extraordinario, remoto y escondido, pero no era su selva.
En realidad todo este exterminio silencioso de los pigmeos tiene los primeros antecedentes a finales del siglo XIX principios del XX, con la penosa historia del pigmeo Ota Benga, secuestrado, esclavizado, exhibido en la Exposición Universal de Saint Louis 1904 y enjaulado junto a un orangután en el zoo de Nueva York (Bronx Zoological Garden) después de que los mercenarios del rey belga Leopoldo II mataran a su mujer e hijos.

18/9/09

La comunidad Pigmea - Lago Bunyonyi III

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A las 2:30 de la tarde Eddison nos esperaba con una sonrisa, subimos a la lancha amarilla y empezamos a volar sobre las aguas del lago Bunyonyi. A 1850 metros de altura y la brisa húmeda del lago hizo que Marga sacara su chubasquero, un poco más tarde me puse un chándal con capucha. Según avanzábamos, íbamos cruzándonos con diferentes canoas cuyos pasajeros nos devolvían el saludo.
La verdad es que estábamos excitados con la aventura y el lugar era precioso, pequeñas islas iban pasando a nuestros ojos, algunos cormoranes pasaban en paralelo a la lancha a gran velocidad y nos adelantaban como cohetes, iban a ras de agua a salvo de vientos.
Las laderas de las montañas que bordeaban el lago eran verdes y amarillas, casi todas con cultivos. De vez en cuando veíamos gente trabajando en sus tierras en pendientes inverosímiles y pastores con cabras ladera abajo.
















Dos niños nos gritaban “bye Muzungu” y nos saludaban alegremente mientras bajaban a dar de beber a sus dos cerdos, estos obedecen dócilmente ya que les meten unos estacazos con una vara que los dejan tiesos.
Suena el móvil de Marga, aquí a 1950 metros de altitud, en medio de un lago perdido del África ecuatorial. Como éramos nosotros los que llamábamos a España o a Malta dependiendo de si queríamos hablar con Hugo o con los dos mayores, nos preocupamos algo al ver que la llamada era de nuestro vecino argentino Isidoro, médico de profesión; se nos pasó por la cabeza en un segundo la posibilidad de que hubiera pasado algo.
Isidoro: “ Marga, oye que van a llevar un paquete esta tarde a mi casa y no vamos a estar, podríais recogérnoslo por favor”
Marga: es que nosotros tampoco estamos. Estamos en Uganda.
Isidoro: ¿Cómo? no te oigo bien Marga.
Marga: QUE ESTAMOS EN UGAAANDAAA
Isidoro: lo traerán entre las 5 y las 7 de la tarde ¿En Uganda?, no te oigo casi.
Marga: ES QUE ESTAMOS EN UNA LANCHA EN MEDIO DE UN LAGO Y EL RUIDO DEL MOTOR . . .
Isidoro: ¿En un lago?
Marga: SI EN UN LAGO DE UGANDA, NO ESTAMOS EN CASA.
Bueno, al final Isidoro se enteró de que no estábamos en casa después de varios alaridos de Marga y de un diálogo de besugos con muy buena cobertura arruinada por un motor.















Después de 35 minutos de navegación vimos un poblado de casas de madera en la ladera de una de las montañas bordeaban el lago. La barca se dirigió hacia esa montaña por lo que deducimos que aquí comenzaría nuestro camino a pie.
Dejamos la lancha en un embarcadero pequeño junto algunas canoas. Rápidamente Eddison se puso en marcha y empezó a subir la montaña a toda castaña, pasamos al lado de algunas casas y de un grupo de niños que nos observaba con mucha curiosidad mientras nos saludaban”.
El ritmo de Eddison era el de un andar acelerado que no tenía mucho sentido, ya que si teníamos que caminar cerca de una hora este ritmo era como mínimo un poco precipitado. Así que me puse delante y puse un ritmo de crucero un poco más rápido que él, llegando a un camino que estaba en mitad de la pendiente de la montaña para esperar a Eddison y Marga, al poco llego él con un paso ya más “sosegado”. En realidad se trataba de uno de esos ritmos falsos que ponen algunos para “intimidar” al acompañante, aunque luego no sean capaces de mantener.














En el Kilimanjaro hay malas prácticas de ese tipo donde los guías de mala intención ponen ritmos suicidas en la última ascensión para desalentar y desfondar al turista escalador, con ello se ahorran una última paliza. En el caso de Eddison se trataba una bravuconada sin mala intención, pero nos obligaba forzar más de la cuenta en una gran pendiente. Cuando empezó la parte llana del camino nosotros seguimos con la inercia de los primeros pasos mientras que los pasos de Eddison se hicieron más pesados.














En este camino que comenzaba en mitad de la ladera de la montaña sería el que nos llevaría a la comunidad pigmea. Nos detuvimos a admirar el paisaje. Nuestra barca amarilla se veía muy pequeña desde nuestra posición, justo a mitad de la pendiente. El camino ya relativamente llano se perdía en el horizonte tierra adentro; a nuestra izquierda más montaña y a nuestra derecha un maravilloso glaciar de papiro que nos dejo sin habla. Estuvimos un par de minutos observando este capricho botánico. En realidad si tuviera que describir con precisión este camino diría que tiene la disposición de un auténtico glaciar: Una lengua inmensa de planta del papiro de unos 10 kilómetros de longitud por una anchura que variaba de 200 a 500 metros y que moría en el lago Bunyonyi. Esta legua-glaciar estaba custodiada por las verdes laderas de las montañas a lo largo de esos kilómetros. Nosotros íbamos por la ladera izquierda, de tal manera que en todo momento íbamos viendo el mar de papiro abajo y a nuestra derecha. En el camino iban saliendo niños a nuestro paso de las diferentes casitas de madera y barro que salpicaban la montaña, otras veces oíamos sus gritos, bye muzungu, que sonaba así: “baymuchuuuuncuuuuu”.


















Según avanzábamos las casas se hicieron más escasas. Cuando llevábamos dos kilómetros recorridos y apenas se veía el lago a nuestra espalda apareció ante nosotros un solitario árbol del coral, este estaba asomado al glaciar desde el camino, parecía anunciar la entrada al autentico camino, mucho más silencioso, más bello y más emocionante, como en realidad nos sentíamos nosotros. Sólo en viaje en barca entre las islas era una aventura en si misma, pero esta hora de marcha entre glaciares de papiro, ecos de niños y árboles de coral era de esos momentos para guardar, nuestro momento.


















Aparecieron a lo largo del camino algunos de lo preciosos ejemplares de Red-billed firefinch aquellas pequeñas aves rojas de Queen Elizabeth; tuve que contenerme para no perseguirles con mi cámara barranco abajo.
A mitad de recorrido el camino bajaba por unos metros al nivel de la lengua de papiro. Allí aparecieron unos cuantos niños de los que vivían por allí, casi todos salieron corriendo entre risas y cierto temor. En realidad esta zona era mucho más aislada que cualquier otra que hubiéramos visto en toda Uganda y los niños no estaban acostumbrados a ver turistas. La ropa también les diferenciaba, más deshilachada más pobre y sucia, les daba un estilo propio en la zona ya que la mayoría de estas telas eran una especie de batines desechados de los mayores, o telas reaprovechadas que en otros tiempos fueron otra cosa y tuvieron otros usos.















De este primer grupo solo se quedó uno que parecía estar de vuelta de todo, allí andaba con su cabra en medio del camino, cabra que tenía totalmente dominada. Su vestimenta era la más original de todas, una especie de blusa marrón que parecía negra y que le llegaba a mitad del muslo, y saliendo debajo de esta un pantalón con una sola pernera a cuadros rojos y marrones remangada a la altura de su pierna derecha que era donde la llevaba. La escasez en esta zona ayudaba al aprovechamiento de cualquier prenda, aunque solo tuviera una pernera. Nos hubiera gustado en ese momento tener algún pantalón para dárselo, pero solo llevábamos lo puesto, así que le dimos algo de dinero que celebro con varios gritos en ugandés que retumbaron en la montaña, estaba tan contento que nos obsequió con las diferentes poses que su pobre cabra era capaz de ofrecer.






















La verdad es que muchos de estos encuentros te rompían poco a poco el corazón, eran tan lindos los niños, tan amables, simpáticos y espontáneos, y estaban tan necesitados de tanto. Es curioso como la condición y esencia de niño es universal en cualquier lugar; tan auténticos y francos…
Nos despedimos de nuestro pequeño amigo y a nuestras espaldas sonaron los gritos de los niños que se habían escondido antes.
Un Kilómetro más allá el glaciar de papiros se iba estrechando, una mujer con su bebé a la espalda y un gran saco de patatas en la cabeza se cruzó con nosotros. Al doblar la curva siguiente del camino dos niños salieron corriendo al vernos, les gritamos y uno de ellos se acercó, el otro con un gran machete en sus manos salio corriendo. Nos hicimos alguna foto con el que se quedó, al rato aparecieron cuatro más uno de ellos era el del machete pero ahora no lo llevaba. Los cinco componían un cuadro de ropajes curiosos con una especie de batines, faldones, blusones, telas liadas al cuerpo, en realidad no sabíamos quien era niño o niña, pero todos eran adorables.

















LOS PIGMEOS















Seguimos andando y una mujer de pequeño tamaño nos adelantó a gran velocidad cargada con leña en la cabeza. Eddison nos dijo que estábamos a punto de llegar a nuestro destino.
De repente Eddison tomo un sendero estrecho y empinado a la izquierda del camino, justo por donde había subido la mujer con leña.
Después salvar el último terraplén a unos 40 metros por encima del camino, aparecimos en una zona con casas de barro situadas en una especie de terraza natural que daba descanso a la pendiente de la montaña y cobijaba al pequeñísimo poblado de la comunidad batwa o pigmea.
Nada más aparecer se produjo un revuelo de niños y mujeres, que hizo salir de sus casas a toda la comunidad. Mientras Eddison hablaba con uno de los más mayores de la comunidad y digo mayores porque no sabría ponerle edad, mucha gente trabajada y deteriorada en estos países tienen grandes desfases entre la edad cronológica y la biológica.






















Un niño con un arco y una flecha posó para nosotros como un pigmeo recién salido de la selva, posaba como un autentico maestro acostumbrado a los turistas, era parte del folclore que nos querían ofrecer.
Eddison terminó de hablar con el jefe o persona mayor …¡ qué diferencia con los Masais de Tanzania!... aquí Eddison disponía y decidía lo que se iba a pagar. El venerable batwa tenía poco decir; en Tanzania el jefe masai ponía el precio a su antojo, normalmente 25 dólares por turista y no había más que hablar aunque el guía hubiera sido el más experimentado del mundo; aquí Eddison decidía que se pagaba 10000 chelines ugandeses (5 dólares) independientemente de la cantidad de turistas.
















Terminaron de hablar y parece que el “acuerdo” se cerró. A continuación nos hicimos una foto en una cabaña típica pigmea de madera y paja con una mujer y sus dos hijas, esta era pequeñísima en comparación con nosotros, y aunque esto parece una obviedad en el caso de los pigmeos, también es verdad que dentro de estos los hay más grandes dentro de su pequeñez. Luego estuvimos hablando con algunos miembros de esta comunidad batwa, había niños pequeños deambulaban a su aire observando el alboroto general. Vimos las casas de barro donde vivían y realizamos algunas fotos a los diferentes miembros de la comunidad.
Hicimos alguna foto más a un par de niños pigmeos de corta edad y ropajes naranjas que miraban todo desde cierta distancia y caras serias que nos dejaron algo intrigados, miraban sin pestañear directamente a los ojos y parecían “hurgar” en tu interior.


















Más tarde nos llevaron a una zona diáfana y llana de arena presidida por una enorme vasija de barro y rodeada de grandes y verdes plataneros y una especie de cobertizo de paja. En esta especie de placita nos iban a ofrecer sus cánticos y bailes. Allí estaban todos, mujeres, hombres, niños, y mayores. Una voz de otro de los hombres mayores sonó y al instante se le unieron como un coro bien engrasado las voces de mujeres y los demás hombres, mientras que todos se movían al compás de las voces con un mismo baile. La sorpresa se apoderó de nuestros sentidos, ya que aquellos pequeños hombres eran capaces de ofrecernos una hermosa canción a diferentes voces y con hermosa cadencia, quizá lo último que les queda de su antiguo modo de vivir, a pesar de sus penosas condiciones lejos de su selva querida, a pesar de sus ojos rojos de “desesperación”, a pesar de sus ropas modernas, a pesar de que ofrecían su cántico a cambio de algo, a pesar de todo, sus cánticos y bailes eran sinceros y realmente hermosos porque 20000 años de historia son difícil de borrar.


















Fueron animándose poco a poco. A la segunda canción me puse a bailar con ellos imitando sus danzas… todavía siento cierta vergüenza al recordarlo… A ellos les hacía muchísima gracia que yo imitara sus bailes pero esto hizo que se animaran más todavía. En la siguiente canción incluso me permití hacer mi propia coreografía, que rápidamente fue imitada por los miembros e la comunidad Batwa, entre las risas de todos incluidas las de Marga que apenas podía filmar de la risa.
Había bailado en muchos sitios pero nunca entre plataneros perdidos entre glaciares de papiro.
Entre unas cosas y otras se nos iba haciendo tarde y todavía teníamos que desandar el camino y volver en lancha.
Decidimos darles una cantidad mayor a la estipulada por Eddison y se pusieron a cantar otra vez en muestra de agradecimiento.


















De nuevo apareció el niño con su arco y sus poses de guerrero de la selva con sus caracteres de pigmeo intactos, pero nosotros sabíamos de las vicisitudes de los Pigmeos y sus difíciles condiciones y les queríamos también sin el arco y la flecha, sabíamos que debajo de sus ropas modernas había un pueblo con más de 20000 años de antigüedad y nuestro respeto y cariño lo tendrían para siempre.



















Bajamos el terraplén que nos separaba del camino y desde abajo vimos las pequeñas figuras de los niños pigmeos que se despedían de nosotros.

Por el camino nos volvimos a encontrar con más niños, más mujeres leñadoras, aguadoras y ecos de la montaña. Llegamos a la zona de casas del embarcadero donde todavía había cierta actividad.













Tomamos la lancha y le dije a Eddisón que parara cinco minutos en medio del lago, la verdad es que estaba un poco recocido de la caminata y decidido a bañarme en uno de los pocos lagos de Uganda donde se puede ya que no hay depredadores ni bilharzia o esquistosomiasis.
El agua a 1900 metros de altitud podría estar muy fría pero la cercanía del Ecuador terrestre dejaba en fresca y muy agradable.





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8/9/09

Llamar por teléfono a España desde Uganda

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La verdad es que lo ideal sería no tener que llamar a España y enviar algún correo que otro, pero siempre hay algún motivo para hacerlo. En nuestro caso era crucial llamar de vez en cuando para ver como estaban nuestros hijos, sobre todo el pequeño Hugo. Aunque también era importante llamar a los dos mayores para saber como les estaba yendo por Gozo (Malta). Así que no nos quedó más remedio que llamar de vez en cuando.
A la hora de llamar a España lo mejor es comprar unas tarjetas amarillas de la compañía MTN, en su parte delantera viene escrito en grande “AIRTIME”. Hay otras tarjetas pero estas a nosotros nos funcionaron muy bien y salieron muy económicas. Se pueden comprar en multitud de gasolineras y algunos hoteles.
Estas tarjetas tienen diferentes valores: 5000, 10000, 20000 y 40000 chelines ugandeses (2,6 – 5,2 – 10,4 – 20,8 dólares). El precio de la llamada sale muy económico ya que sale a unos 3 € 15 minutos, con lo que si no nos enrollamos mucho tenemos para casi todo el viaje con una tarjeta de 10000 chelines.
En la parte de atrás de la tarjeta viene claramente lo que hay que hacer para activar el teléfono tanto si se quiere hacer vía SMS o a través de la voz. Nosotros lo hicimos por el primer método.












En esta parte de atrás viene un número largo al que se accede después de rascar un rectángulo plateado. Este número lo tendremos que introducir en nuestro móvil.
Es imprescindible que el móvil esté liberado, no vale un móvil de contrato.
El sistema para activar el teléfono vía SMS es el siguiente:
1) Rascar la parte plateada del reverso de la tarjeta.
2) Marcar * 155 * y seguido el número de la tarjeta que suele ser de 14 dígitos, dedspues marcar #.
Quedaría así lo marcado: *155* 47762848618203 #
Osea 155 entre asteriscos, luego el número y finalmente #
3) Le das a marcar o llamar
4) Al momento recibes un mensaje de que tu teléfono se ha recargado y el saldo que tiene.
Ya esta listo para llamar a España.
Cada vez que uno termina de hablar, unos segundos después de colgar viene indicado en la pantalla el saldo que queda.
La tarjeta es de total confianza, tanto que incluso es más utilizada para pagar a través de móvil. En Uganda y en África en general es bastante frecuente los pagos y transacciones a través de SMS ya que Internet está muy poco desarrollado.
Aquí dejo dos páginas con los precios y más opciones donde entre otras cosas se puede cargar el móvil por Internet.
Un último detalle de estas tarjetas es que el precio de 3€ los 15 minutos puede ser menor si se llama en domingo o as partir de las 9 de la noche, de Uganda claro.

http://www.mtn.co.ug/
http://www.sendairtime.com/index.php

3/9/09

Ruanda - Hutus y Tutsis - Ruhengeri

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Dejamos el lago Bunyonyi bastante temprano, teníamos un larga viaje por delante hasta llegar a Ruhengeri (Ruanda), casi 7 horas de polvorientos caminos.
Los caminos que antes eran grandes rectas con algún puerto en medio, se convertían ahora en mucho más irregulares, con puertos aún mayores y muchísimas curvas. Esto provocaba que nuestro avance fuera bastante lento.
En uno de los puertos vimos un camión tumbado, acababa de tener un accidente, en total vimos cuatro Uganda; Como ya he dicho en otros blogs, muchas veces el mayor peligro de algunos países está en la carretera y las formas de conducción temerarias.
He visto algunos países donde se conduce peor, en Uganda hay que estar atentos. Por suerte nuestro Joseph tenía una manera sosegada de conducir.


















Nuestro primer destino sería Kisoro, última población antes de llegar a la frontera de Ruanda. En Kisoro comimos en hotel de la empresa Gorillatours que nos había alquilado el coche. Dos días después pasaríamos por aquí de nuevo y nos quedaríamos a dormir en el Traveler's Rest Hotel. En principio esto no estaba en nuestros planes, ya que pensábamos pasar una noche más en Ruhengeri (Ruanda), pero el devenir de los acontecimientos nos llevó a pasar la noche aquí.






















El Traveler's Rest hotel es un lodge aislado del exterior por muros situados en superímetro, digamos que es una construcción muy agradable que mira hacia dentro. Fue uno de los sitios con más encanto donde nos alojamos, con jardines muy cuidados y una decoración preciosa tanto por dentro como fuera.
Curiosamente fue uno de los sitios donde más aves exóticas de pequeño tamaño pude fotografiar. Era uno de esos alojamientos con un par de bebederos con algo de fruta donde las aves reponían fuerzas. Mis primeros intentos de hacer una instantánea mientras nos preparaban la comida no dieron sus frutos, ya que cuando me arrimaba las aves salían volando con la suficiente antelación como para que no poder hacer unas fotos en condiciones. Luego cambié de táctica y me senté en una silla a tres metros del bebedero. Aunque esperé 10 minutos a que viniera el primer “cliente”, una vez abierta la veda, toda clase de increíbles, bellas y pequeñas aves posó para mí.















Volví a la mesa con Marga para saborear una vez más una Nilo beer. Desde allí teníamos vistas de la gran cadena montañosa de los montes Virunga.
Cuando salimos de Kisoro todavía teníamos por delante un largo camino hasta Musanze (Ruhengeri), pero antes teníamos que atravesar la frontera entre Uganda y Ruanda.
Cuando llegamos a la frontera nos bajamos primero en la parte ugandesa donde comprobaban nuestros pasaportes y visados, luego pasamos la frontera andando y llegamos a las oficinas ruandesas. Allí rellenamos unos cuantos formularios pero no tuvimos que sacarnos la visa puesto que esta si se podía conseguir en Madrid en el Consulado Honorario de Ruanda en Madrid. A pesar de todo tuvimos que esperar 30 minutos porque los papeles del coche no estaban del todo en regla, esto nos permitió estar un ratito con un grupo de ugandeses que esperaban también pasar la frontera. Nos hicimos unas fotos con ellas entre las risas de todos.













Cuando Joseph arreglo los papeleos del coche proseguimos nuestro viaje ya en Ruanda.
El primer cambio importante que notamos fue la carretera, primorosamente asfaltada. Habíamos pasado de los caminos polvorientos de Uganda al alquitrán de Ruanda. Desde el primer momento se distinguía también un nivel económico algo superior en este último país, no sabemos si por la zona geográfica en cuestión o por el nivel general del país; algo que no descubriríamos ya que de Ruanda solo visitaríamos Musanze (Ruhengeri) y el parque Nacional de los Volcanes.
Conforme avanzamos íbamos viendo el perfil de los montes Virunga, todo parecía tan pacífico armónico. Parecía imposible que sólo hubieran pasado 15 años de uno de los episodios más lamentables y sangrientos en la historia moderna de la humanidad. Un episodio que tuvo por testigo esta insólita tierra.



















Los Hutus y los Tutsis, genocidio de Ruanda

Antes de analizar el desastre acaecido en Ruanda en 1994 conviene saber algo de la sociedad ruandesa

La población ruandesa está dividida en dos grupos étnicos principales, siendo mayoría aplastante los hutus sobre los tutsis. También coexisten con estos una minoría minúscula de Twa o Battwa, los antiguos pigmeos.
Esta división étnica está hoy en día basada en una división de clase social. En principio estos grupos étnicos tenían características propias que prácticamente se han ido igualando. Los hutus más bajos, robustos y de nariz aplanada. Los Tutsis de rasgos más europeos; delgados, altos y de nariz perfilada, en general de facciones más finas.





















El origen del pueblo Tutsi proviene de la élite gobernante en los antiguos reinos africanos de los actuales Burundi, Ruanda y una parte de Tanzania, en 1994 eran algo menos de un millón de los 7 millones que formaban la población de Ruanda.
El origen del pueblo Hutu es el de antiguos pueblos de agricultores descendientes de los reinos tradicionales de la zona del lago Victoria y lagos a Oeste del valle del Rift, estos son mayoría en Ruanda.
El conflicto de los hutus y tutsis viene de mucho antes del año 1994.

En la época colonialista los países europeos se repartieron la tarta de África con sus caprichosas fronteras para repartirse sus riquezas; a los belgas les tocó la porción de Ruanda.
Los belgas separaron artificialmente para su mejor control a los hutus de los tutsis, estos últimos en clara minoría con respecto a los primeros(15% frente a 85%)
El entendimiento entre estos dos grupos étnicos empeoró después de que Ruanda logró la independencia de Bélgica en los 60. Los hutus se hicieron con el poder cuando el rey tutsi murió y obligaron a exiliarse a más de 100.000 tutsis.


















En 1994 tras 30 años de disputas la ONU estuvo apunto de respaldar un acuerdo de paz entre las dos étnias, pero un suceso cambió la historia de este país; el avión de presidente ruandés (hutu) Juvénal Habyarimana fue abatido y el gobierno hutu culpó a los tutsis del episodio e incitó a la población hutu para que se alzara contra ellos. Las radios del gobierno hutu pedían la limpieza étnica de los tutsis y se repartieron machetes y otras armas para terminar con el enemigo. En 100 días murieron casi un millón de personas en asesinatos atroces, casi todos tutsis y con la complicidad de casi toda la población hutu a los que apenas dejaron la opción de elegir, puesto que el que no estaba de acuerdo activamente también era sacrificado, de hecho muchos hutus murieron a manos de otros hutus. Medio millón de mujeres fueron violadas y un 30% de la población Batwa, ya de por si maltratada, fué asesinada en una espiral de violencia sin final.


















Pero a esta violencia sin freno hay que unir un hecho paralelo que agravó la crisis todavía más. Un hecho vergonzoso en pleno 1994, quizá la parte más triste e indígnate; la indiferencia con que el mundo vivió este atroz salvajismo.
El mundo no intervino y en sus televisiones “civilizadas” trataron el tema como un pequeño conflicto tribal en un pequeño país de África. No hubo ninguna intervención militar para ayudarles, no hubo reuniones anticrisis, sólo la indiferencia más absoluta.
El miedo y la esencia de esta masacre está muy bien reflejada en la película “Hotel Ruanda” de Terry George y magistralmente resumida en la magnifica canción “Million Voices” de Wyclef Jean, de esas canciones que tengo hace años bajada y guardada para cuando algún día nos cierren el grifo, particularmente me pone los pelos de punta. En esta canción su voz desgarrada reprocha al mundo y en particular a Estados Unidos y Reino Unido su no implicación en el conflicto.


Comienzo de “Million voices”

“Ni ryai izuba,
Rizagaruke, Hejuru yacu,
Ni rd´ uzaricyeza ricyeza” ...

“Cuando el sol brillará sobre nosotros?" ...

















Con estos pensamientos atravesamos las ahora pacíficas tierras del Parque Nacional de los Volcanes, llegando a Musanze (Ruhengeri).
Cuando llegamos a Musanze nos dirigimos a nuestro hotel, el Ishema hotel , este estaba en el mismo centro de Musanze con lo que el entorno cercano era más urbano.
Cualquier alojamiento en bandas o wedhouse de los que estaban al lado de la oficina de la ORTPN donde se organizaban los trekking a los gorilas hubiera tenido un entorno con más naturaleza y en las mismisimas faldas de las montañas.






















El Ishema hotel también tenía sus encantos; una piscina y sobre todo una familia de grullas que vivían en los jardines del mismo. Una buena ocasión para sacar un primerísimo plano de estos bellísimos ejemplares.
Después de una persecución por los jardines del hotel abandonando las maletas y a Marga conseguí el plano deseado entre los gritos desesperados de la grulla tipo pavo real.























Mercado textil de Musanze




















Dejamos las maletas y quedamos con Joseph y Richard para el día siguiente, luego nos fuimos a cambiar algunos dólares por francos ruandeses, no muchos ya que estaríamos poco tiempo en Ruanda.
Más tarde nos dimos una vuelta por el mercado textil de Musanze, una especie de bazar que ocupaba una manzana con muros rodeando el mismo. Al atravesar este se accedía a al mercado donde se vendían zapatos, zapatillas y sobre todo telas y ropa en general.













El mercado estaba organizado en multitud de pequeños puestos con pasillos de apenas un metro para pasar a modo de calles transversales o longitudinales.
La parte más destacable del mercado era el lugar donde se confeccionaban las telas o los arreglos de estas. Puestos envueltos en laberintos de paños, linos, rasos y costurer@s con sus viejas máquinas de coser, de las que aquí en España sólo sirven de adorno entrañable.














Estos pasillos de artistas del hilo estaban envueltos en ocasiones de telas colgantes de vivos colores que hacían las veces de filtros textiles. Cuando la luz atravesaba telas naranjas las caras y manos de los artesanos textiles se tornaban naranjas, como los filtros de todo el cine norteamericano, dando una calidez especial a la escena. Por el contrario si las telas eran azules las costurer@s mudaban su color al frío filtro azul de muchas películas europeas. Las luces iban atravesando las galerías y se filtraban como podían entre las telas, creando secuencias visuales bellísimas.
Como casi siempre, los mercados africanos nunca te dejan indiferente.
Salimos de allí y volvimos paseando al hotel. Compramos algunas galletas e hicimos algunas fotos por las calles; la gente vestía ropas menos rurales y más de estilo europeo en este núcleo urbano.
Volvimos al hotel para cenar y encargar el pack lunch para el trekking de los gorilas. Al día siguiente tendríamos el esperado encuentro con los primates.